Trump nunca podrá ser un estadista, jamás lo será. Nunca tendrá el alcance de miras para serlo; le falta cultura, le falta preparación pero sobre todo nunca tendrá una visión muy orientada al largo aliento en óptica periférica. Eso no quiere decir que sea tonto o que no tenga habilidades. Es listo, sabe , como excelente buleador, someter al rival y luego sobre explotarlo. Esas son habilidades que no se le deben de regatear.
Canadá y Estados Unidos habían conformado buenos principios de un acuerdo comercial que estaban muy cerca de anunciar en donde México no pintaba. Habían hecho, seguramente por voluntad del Presidente de Estados Unidos, planes al margen de la participación de su socio sureño México.
Pero se le atravesó a Trump la campaña financiada por la provincia de Ontario y aprovechó la oportunidad para hacer su berrinche y determinar el cierre de las negociaciones comerciales con el Canadá.
Sabe el Presidente norteamericano que no puede prescindir de Canadá e incluso que no puede hacerlo con México tampoco. Trump tiene mucho poder pero no el suficiente como para desprenderse de sus socios comerciales. Puede moldear dos acuerdos bilaterales para obtener distintas ventajas de sus dos vecinos pero no tiene la fuerza para cancelar dichos convenios porque las empresas en Estados Unidos y los trabajos que ellas soportan no lo permitirán.
Trump decide salir de la mesa de negociaciones comerciales con la conciencia de que regresará pero seguramente buscará obtener muchas ventajas de Canadá cuando lo haga. A Canadá le va a salir muy caro volver a sentarse a negociar con Trump.
A nosotros nos va a salir carísimo sobre todo porque si bien mucho se ha avanzado en el combate vs. el narco y la delincuencia organizada -sobre todo porque en la administración Federal previa no quiso hacerse nada-, en lo que a Trump le interesa, en su fundamental, desarticular el poder político de la malandrería, ahí nada se avanza; nada de nada de nada.
Puras sospechas, acusaciones e incluso abundantes pruebas y evidencia que no quiere aprovechar para llegar al fondo de un asunto que implicará reconocer que los FRAUDES DE ESTADO comenzaron a operarse desde principios del sexenio anterior y que involucran a muchos políticos impuestos a Sheinbaum. En jaque su movimiento político y el cambio de régimen.
Y como no hay cabezas de esos políticos en la charola de la justicia poca disposición habrá de Estados Unidos para avanzar en lo comercial donde , además, hay al menos 57 problemas o barreras no arancelarias señaladas por Estados Unidos que muy difícilmente Sheinbaum querrá desarticular porque son las bases del cambio de régimen que ha determinado el líder moral del movimiento que gobierna nuestro país. Eso está aún más complicado que entregar las cabezas de gobernadores, secretarios de estado, legisladores o familiares cercanos del mandatario previo.
Porque si Estados Unidos ha “roto” con Canadá no descartemos que Trump haga con México desplante similar. Con Canadá ya tenía Estados Unidos un acuerdo de libre comercio cuando llegó la oportunidad que le dio Estados Unidos para sumarse al NAFTA, primera generación del acuerdo trilateral.
Canadá y Estados Unidos determinaron en 1987 iniciar pláticas para llegar a un acuerdo comercial que mejorara sus relaciones de intercambio. En enero del año 1988 fue firmado y entró en vigor en el año posterior. De entonces al 2024 el comercio bilateral ha crecido 400% y esa es una cifra que hará regresar a Trump a platicar con Canadá a un costo que su vecino del norte tendrá que aceptar sea cual sea.