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Un pollo asado o la tragedia de una sociedad

Un pollo asado o la tragedia de una sociedad

Columnas martes 28 de enero de 2020 - 01:26

@infocracia
Las cifras especializadas apuntan a que hubo una desaceleración de la hiperinflación en Venezuela en 2019. Si bien esto puede ser cierto, existe un aspecto alarmante que tiene que ver con la capacidad de compra del venezolano común, de las personas que viven de un salario.
El ciberactivista Luis Carlos Díaz compartió los datos que recolectó de lo que él denominó “Índice Pollo en Brasa”, como se le llama en Venezuela al pollo asado o rostizado que suele venderse en establecimientos llamados “polleras”. En otra época en Venezuela, el pollo en brasas era sinónimo de una comida popular, tanto por su precio como por la ubicación de las polleras en zonas céntricas de cada ciudad.
En mi infancia, en una barriada popular venezolana, cada tanto mi mamá cansada de cocinar me pedía que fuese a buscar un pollo en brasa. Comerlo no era algo extraordinario, en aquella época.
En 2013, cuando se iniciaba el gobierno de Nicolás Maduro, Díaz comenzó a registrar el precio del pollo asado en un mismo lugar de Caracas. “Un pollo asado en septiembre de 2013 costaba 3,25 dólares. Hoy (enero 2020) cuesta 9,10 dólares”, confirmó el activista de derechos humanos, con bastante influencia en las redes sociales.
Con dos años consecutivos de hiperinflación, el alza de precios se desaceleró en 2019, cerrando la tasa de inflación por encima de 7.000 por ciento según reportó la Asamblea Nacional. La inflación ya no se cuenta por millones, es verdad, pero la crisis venezolana tiene otra faceta que es la pulverización de los salarios.
Díaz, por ejemplo comentó que es trágico que en septiembre de 2013, cuando comenzó a realizar su seguimiento personal de la inflación, el salario mínimo equivalía a 68 dólares y en este mes de enero de 2020 sea de apenas 3,20 dólares.
“Hice el Índice Pollo en Brasas en septiembre de 2013 porque quería tener un indicador de inflación propio y además la producción avícola sufría ataques oficiales”, explica Díaz.
Al hacer la relación entre salario mínimo y precio del pollo asado, el ciberactivista deja en evidencia otra cara de la dura crisis económica en Venezuela. El dinero de los asalariados sencillamente no alcanza. Hoy en Venezuela el problema no radica en el abastecimiento, ya que se observan productos en los anaqueles y comercios, sino de acceso a éstos.
Para un trabajador venezolano, con el ingreso de salario mínimo, en 2013, durante el primer año de Maduro en el poder, comprarse un pollo asado le representaba dos días de trabajo. Hoy, ese mismo trabajador, si quisiera llevar un pollo asado a su familia, que no es un plato de lujo, tendrá que invertir dos meses y 26 días de su salario.
Por su parte, Oscar Meza, director del Centro de Documentación y Análisis Social de la Federación Venezolana de Maestros, confirmó que en diciembre pasado una canasta alimentaria, calculada para una familia de cinco miembros para un mes de consumo, representó el equivalente a 101 salarios mínimos.
“Vivimos una tragedia. La clase trabajadora, los pensionados (jubilados), sencillamente no tienen cómo alimentarse”, afirmó Meza, cuando le entrevisté hace poco.
Trágico que un simple pollo asado simbolice tantas penurias.

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/CR

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