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Venezuela y su viacrucis sin fin

Venezuela y su viacrucis sin fin

Columnas miércoles 12 de agosto de 2020 - 01:08

Si hacemos caso a las cifras oficiales, Venezuela es uno de los casos más exitosos del combate al coronavirus. La semana pasada, las autoridades reportaron poco más de veinte mil casos y apenas 178 muertes, de las estadísticas más bajas en América Latina. Pero la realidad es muy distinta. El sistema sanitario del país se ha colapsado y Venezuela es una de las naciones del mundo donde menos pruebas se han realizado para detectar al virus. Varios médicos y periodistas han ido a la cárcel por cuestionar los datos oficiales.
En Venezuela se ha politizado el coronavirus. La principal preocupación de Nicolás Maduro reside no en combatirlo, sino en ganar, a como dé lugar, las elecciones parlamentarias agendadas para el próximo 6 de diciembre. La mayor parte de la oposición ha anunciado su no participación en estas elecciones a causa de vicios en su convocatoria y organización, pero, aun así, para el chavismo es vital movilizar votantes en masa, en medio de la pandemia, para intentar revestirse de una legitimidad puesta en entredicho desde hace tiempo.
El país arrastra una desbocada inflación, la más alta de mundo, 15 mil por ciento para 2020, y un decrecimiento del PIB de 18 por ciento. Los tradicionales aliados extranjeros de Maduro (Turquía, China, Rusia) no podrán seguir apoyándolo. El gobierno emprende la campaña electoral sin recursos y sin posibilidad de hacer mítines por la cuarentena, pero aspira a desquitarse –pese a no ser unas elecciones realmente competitivas– de su derrota de 2015, cuando la oposición ganó mayoría calificada.
Para ello, Maduro aferra su control sobre las instituciones electorales. El Tribunal Supremo de Venezuela suspendió el liderazgo del dos de los principales partidos opositores (Primero Justicia y Acción Democrática) y, además, nombró, en abierta violación a la Constitución, a los nuevos miembros del Consejo Electoral, la mayoría de ellos adictos al gobierno.
Maduro se siente lo suficientemente seguro para consolidar su gobierno. Desde el principio de la crisis emitió toques de queda y comenzó a aparecer diariamente en televisión detallando medidas. Si en algún momento en los últimos parecía débil, ahora eso se revierte.
Su decisión de poner a los militares a cargo de la respuesta al coronavirus fortaleció su control social. Militares fueron desplegados para imponer medidas estrictas de distanciamiento social y, más recientemente, comenzaron a manejar estaciones de servicio para racionar combustible.
La comunidad internacional ha protestado, pero poco podrá hacer. Maduro y algunos de sus funcionarios más cercanos han estado bajo sanciones directas de Estados Unidos y se le ha aplicado un embargo petrolero. El chavismo ha sobrevivido varios intentos de derrocarlo y soslayado todos los intentos de negociar una solución pacífica a la crisis.
La viacrucis venezolana se eterniza.


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/CR

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