Santos y difuntos pasados por agua

Santos y difuntos pasados por agua

Nos viene un fin de semana intenso. Primero por las festividades que se avecinan. La iglesia católica experta en sabiduría cultural, asumió los cultos y tradiciones de las culturas a las que llegaba y les dio un sentido cristiano. Lista como es: uso la ironía en amplio sentido, ubicó la festividad de los que llegan al cielo: los santos, por delante de la de los difuntos, cuyo contenido es complejo.

Y en segundo término porque una zona de la Ciudad de México y los municipios conurbados se quedará sin agua por las necesarias reparaciones y actualizaciones del sistema Cutzamala.

Una vez más, estas circunstancias santas y humanas, nos manifiestan la profunda desigualdad que vive nuestro país y particularmente nuestra capital y sus alrededores que alcanza una población en torno al 30% del país.

Por una parte se encuentra la sociedad del fin de semana fuera, de las pipas de agua, de los grandes tinacos. Por otra, la infrasociedad de la permanencia repetitiva, de las cubetas y de las tinas con agua de lluvia. Si ya la forma de disfrutar los puentes resulta abismalmente distinta, el acceso al servicio de agua magnífica las diferencias.

Parece cada vez más cercana la realidad de que la humanidad padecerá calamidades y guerras por el consumo de agua pero sobre todo habrá conflagraciones por las diferencias sociales que se muestran también en el consumo del agua.

El gran problema de nuestro país tiene nombre: pobreza, y también apellido: diferencia social.

De acuerdo con el Centro de Estudios Espinosa Yglesias, análisis de movilidad social demuestran que 7 de cada 10 mexicanos que nacen pobres, se quedan pobres toda su vida, lo cual se resume en que “la posición social se transmite de padres a hijos con una frecuencia importante entre quienes se encuentran tanto en la base como en la parte más alta de la pirámide socioeconómica”.

De aquí nace una buena parte de la violencia y de la corrupción. Sólo hace falta aderezar un poco la ensalada con una cultura propensa a la corrupción por sus constituyentes históricos tanto mexicas como hispanos y por unos usos y costumbres que nos anclan a la mediocridad.

El Día de los Santos pasa, como siempre, un poco desapercibido, el de los difuntos siempre deja huella porque encierra profundos significados. Este año, en una buena parte de la capital y su entorno se percibirán ambos días caracterizados por la ausencia de agua.

El asunto central; sin embargo, no es ni los puentes ni el agua, sino cómo cada circunstancia nos recuerda y remarca que nuestras diferencias sociales nos matan.

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