Las concesiones de radio y televisión son medios de producción. Fábricas, con productos terminados, empleados y gerentes y obreros, cuyo dueño es gobierno mexicano. Es decir, las concesiones de radio y televisión son medios de producción, y dentro del capitalismo nadie puede adueñarse de ellos sin consentimiento de sus dueños.
Es decir, ningún arrendador puede oponerse a que el propietario cambie el sistema de seguridad de su casa. El actual gobierno, calificado de autoritario, firmó un convenio con la CIRT, (Cámara Nacional de la Industria de la Radio y la Televisión), para crear un documento respecto a la ética de la información que emana del radio y la televisión para precisar la intención, origen y destino de sus contenidos, y los que rentan las concesiones, junto con sus trabajadores, como buenos comunistas se dicen dueños de ese medio de producción.
Los empresarios de la televisión y la radio, actualmente en decadencia, se niegan a cambiar su estrategia de información a pesar de que han visto que ya no funciona. Su demanda de espacios comerciales lo muestra de manera contundente, pero no es lo económico lo que importa a los medios y sus comentócratas sino la política.
La derivación, ilegal, de medios de información a partidos de oposición, les conviene más que ser simples difusores del entretenimiento y la manipulación deportiva, quieren actuar como propietarios de una concesión que en cualquier momento pod´ria retirarse, razones sobran en este momento.
Celosos de la autenticidad de la propiedad privada, ahora son sus defensores a ultranza quienes atentan contra ella. Ante de entrar en un debate que exige altura de miras, los arrendadores de las concesiones se niegan a que su dueño haga cambios que pongan el reloj de la información a tiempo. Pero tiene la cortesía de poner a discusión, algo que puede hacer sin más consenso, que la autorización de la mayoría parlamentaria.
La reforma a la ley, exige mayor participación en las audiencias, ser parte activa de la manera en que se dan las noticias.
Por ejemplo, mientras para el espectador lo importante es el contenido el programa, el partido, o la telenovela, para el que concesionario el comercial es lo que importa, lo demás es relleno. Lo esencial para los concesionarios son los comerciales. Ahora, una vez que la publicidad está definida a partir de anuncios, también las opiniones deben estar marcadas por una advertencia. Nadie imagina una telenovela donde el protagonista anuncie un jabón y vuelva a conquistar a su novia.
Eso es todo lo que cambia para evitar mentiras y tergiversaciones; sin embargo, esos medios sufrieron una mutación que los denigra al convertirse en partidos políticos, lo cual crea confusión a sus inquilinos creyendo que las concesiones le pertenecen, violentando la propiedad privada y enajenando los medios de producción.