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“Justicia y Humanidad”

“Justicia y Humanidad”

Columnas jueves 22 de julio de 2021 - 01:00

Sergio González

Recientemente la Organización Internacional del Trabajo cumplió su primer centenario. Creada en 1919 al Amparo del Tratado de Versalles, que puso fin a la primera guerra mundial y condenó las atrocidades del conflicto, la OIT es el emblema contemporáneo de los “sentimientos de justicia y humanidad” de las que habla el preámbulo de su Constitución, que comienza afirmando que la paz universal y permanente sólo puede basarse en la justicia social.

La creación de la OIT fue la resultante del movimiento intelectual, político y social que se fue gestando a lo largo del siglo XIX, así como de iniciativas que tenían la convicción fundamental que era necesario un verdadero reconocimiento de la importancia de la justicia social para el logro de la paz, en contraste con un pasado de explotación de los trabajadores en los países industrializados de ese momento.

Avanzaba también una comprensión cada vez mayor de la interdependencia económica del mundo y de la necesidad de cooperación para obtener igualdad en las condiciones de trabajo en los países que competían por mercados.

Los principios y postulados de la organización, pergeñados con claridad, resuenan con estruendosa precisión al día de hoy: que existen condiciones de trabajo que entrañan tal grado de injusticia, miseria y privaciones para gran número de seres humanos, que el descontento causado constituye una amenaza para la paz y armonía universales; que si cualquier nación no adoptare un régimen de trabajo realmente humano, esta omisión constituiría un obstáculo a los esfuerzos de otras naciones que deseen mejorar la suerte de los trabajadores en sus propios países.

La Constitución de la OIT fue elaborada por la Comisión para la Legislación Laboral Internacional, que estaba constituida por representantes de nueve países (Bélgica, Checoslovaquia, Cuba, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón, Polonia y el Reino Unido) y encabezada por Samuel Gompers, presidente de la confederación norteamericana del trabajo. Fue esa comisión la que fundó una organización, hoy centenaria, que tiene una especificidad única y tripartita, en la que sus órganos ejecutivos están compuestos por representantes de los gobiernos, de los empleadores y de los trabajadores.

En 1944, la Conferencia Internacional del Trabajo, reunida en Filadelfia, declaró, con justicia, que el trabajo no es una mercancía; que la libertad de asociación es esencial para el progreso constante; y que la pobreza, en cualquier lugar, constituye un peligro para la prosperidad de todos.

En este aniversario número 100, debemos recordar que al hablar de la OIT y sus documentos básicos, estamos en presencia de un compromiso y esfuerzo de la humanidad por blindar y promover la dignidad del trabajador frente a los dictados de la utilidad y del mercado, que sin acotaciones, sin el embate de la ética de la indignación, destruyen la fibra social, pervierten cualquier sistema económico y deslegitiman todo régimen político.

@ElConsultor2

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