En el municipio de Huehuetoca, en el Estado de México, el sol de la mañana se cuela por la ventana e ilumina una escena tan común como vital: dos niñas, que en medio de un mar de personas, estaban absortas en la aventura de un libro de papel; Mila y Lluvia. Las observo y veo como sus dedos recorren las páginas con el cuidado de quien manipula un tesoro, y susurros de asombro llenan el aire.
A primera vista, es solo la imagen de la infancia, pero en realidad es como ver como florece un oasis en medio del desierto, porque el panorama y las cifras de los hábitos de lectura en México, todavía nos dicen que todavía hay mucho camino por andar.
Panorama y cifras, que el INEGI ha querido suavizar, ya que este año, para medir hábitos de lectura, el Módulo sobre Lectura (Molec) ya no basó solo su estudio en”libros leídos por año”, sino colocó en la lista revistas, periódicos, historietas, cómics o mangas, páginas de internet, foros o blogs y redes sociales… lo cual, amplía el rango de lectura de las y los mexicanos mayores de 12 años.
2024, fue el último año que consideró el parámetro que tienen todos los países libros leídos por año”, y el cual reflejó que las y los mexicanos mayores de 12 años solamente leíamos un promedio de 3.2 libros por persona al año en México, resaltando que, aunque la lectura es un hábito para una gran parte de la población, el volumen de consumo de libros completos sigue siendo un desafío en comparación con otras economías.
Por ejemplo, si nos comparamos con Chile estamos dos libros abajo, ya que ellos tienen un porcentaje de alrededor de 5.3 libros leídos al año, pero si nos vamos a otras zonas geográficas, vemos que en España leen un promedio de 9.9 libros, Corea del Sur 11 libros, Estados Unidos 12, Canadá y Francia 17.
Estas cifras nos dejan en total desventaja por eso, el aumentar los medios en los que leemos nos muestra otra realidad, que muchos hemos dejado de ver y que el gran escritor y promotor de la lectura, Juan Domingo Argüelles, en su libro “Qué leen los que no leen…”, nos abre los ojos al plantearnos que las personas que supuestamente "no leen" en realidad sí lo hacen, aunque no sea el tipo de material que la tradición intelectual exige. Leen revistas, cómics, best sellers, redes sociales, y otros textos, satisfaciendo sus propias necesidades informativas o de entretenimiento.
Si bien el el Módulo sobre Lectura (Molec) 2025, reporta un aumento importante en los hábitos de lectura al ampliar los medios y lo que leemos, sigue existiendo una brecha que necesita ser atendida desde la infancia, y que es en los hogares como el de Mila y Lluvia donde se gesta el motor para revertir estas cifras.
Mila y Lluvia, son ejemplo de que no necesitan pantallas para ser felices, para viajar y disfrutar de su vida. Su biblioteca es una modesta biblioteca que su papá tiene en casa, pero contiene mundos infinitos: desde historias de fantasías hasta libros de física (como el que leía, la mañana en que la conocí).
El impacto de este hábito es visible. Ambas muestran un vocabulario más amplio, más seguridad en sí mismas para explicar lo que quieren y lo que sueñan y, quizás lo más importante, tienen una curiosidad que las impulsa a preguntar "por qué" y "cómo funciona" el mundo que las rodea.
La historia de Mila y Lluvia no es una anomalía, sino un recordatorio poderoso. En un mundo cada vez más dominado por el scroll y la inmediatez, la lectura en la vida de una niña, de un niño o adolescente, siempre será es un acto de resistencia cultural y una inversión educativa.
El llamado es claro: las leyes, las políticas públicas, las escuelas y, sobre todo, los hogares en todo México, deben fomentar el acceso a los libros o a todos los materiales que nos adentren en la lectura, para leer por placer y no por obligación.
Permitir que más niñas, más niños, como Mila y Lluvia, descubran la magia de la lectura es asegurar que las futuras generaciones no solo sepan leer palabras, sino también interpretar y transformar su propio mundo.
ROSALIA ZEFERINO SALGADO
Asesora en Comunicación Estratégica
e Imagen Pública