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Columnas
Por Viviana Erika Solorio, activista de derechos humanos, asesora política, comunicóloga social. Mtra. Administración y Políticas Públicas con Enfoque en Gestión Política
Es inconcebible y repudiable los hechos atroces que vivieron las personas en Teuchitlán, Jalisco. La barbarie.
Un acto que jamás debe repetirse en la historia de México ni del mundo. El quedarnos callados ante la violación a los derechos humanos, el guardar silencio nos hace cómplices.
Los derechos humanos tienen que ser respetados por todas y todos. Parecen palabras sin sentido porque todos los días se violan los derechos de millones de personas. La imposibilidad de los “tomadores de decisiones” es inaceptable.
El exterminio es una de las violaciones más horrendas de los derechos humanos, resultando en la pérdida irreversible de vidas y la destrucción de comunidades. La lucha contra el exterminio requiere un compromiso global hacia la educación, la promoción de la paz y la justicia, así como la responsabilización de los perpetradores. Es fundamental que los derechos humanos sean defendidos y promovidos por los gobiernos y por la sociedad, no solo para recordar los horrores del pasado, sino para prevenir que se repitan en el futuro.
La deshumanización nos persigue diariamente, la normalización de la violencia y la vulneración a los derechos humanos es una constante, no basta con hablar del respeto a los derechos, hay que trabajar para respetarlos.
La historia nos recuerda lo que jamás tendría que repetirse: Holocausto (1941-1945): La aniquilación sistemática de seis millones de judíos y otros grupos por el régimen nazi en Europa.
- Rwandan Genocide (1994): Cerca de un millón de personas, principalmente tutsis y hutus moderados, fueron asesinadas en un periodo de 100 días en Ruanda.
- Limpieza Étnica en los Balcanes (1990s): Durante las guerras en la antigua Yugoslavia, se llevaron a cabo actos sistemáticos de exterminio contra poblaciones bosnias y croatas.
En México estamos de luto por la desgracia que acecha a miles y miles de familias, lo sucedido en Teuchitlán, Jalisco, no tendría que repetirse.
Recientemente, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, nombró a algunos cárteles como terroristas. En redes sociales se lee y se escucha el clamor de las personas para que se pare la violencia y la violación a los derechos humanos de millones de familias víctimas de las malas decisiones, de las incompletas políticas públicas existentes, elaboradas al vapor. Se nos olvida que el bien común es para toda la gente, el bienestar no es negociable.