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Académicos y policías

Académicos y policías

Columnas lunes 10 de agosto de 2020 - 01:14

El desdén de un sector de las fuerzas policiales a las opiniones que sobre seguridad pública se elaboran en la academia, se explica por el menosprecio -quizás a título culposo-, de no pocos académicos hacia el propio policía. El halo redentor con que algunos decretan cómo hacer a las corporaciones eficaces, reduce al uniformado a simple factor o variable de su fórmula.
A un mes de iniciada la cuarentena pandémica, presencié un w organizado por una de las más importantes instituciones académicas de México. En el foro, el ponente más crítico había vuelto al país después de vivir 10 años en Europa. Desde el viejo continente, dijo, entendió las enormes deficiencias de nuestras instituciones de seguridad pública. Acto seguido, recetó algunas soluciones. Es válido observar a distancia, claro, pero en materia de seguridad, el conocimiento a ras de piso cobra máxima relevancia y no puede desdeñarse al momento de elaborar propuestas. Ha sido eterno el debate entre la teoría y la práctica de la seguridad.
Por fortuna, en la academia existe también un sector que trabaja con determinación ideando cómo mejorar la seguridad, optimizar las condiciones de los policías y transparentar los procesos internos de las corporaciones. Trabajo loable y constante que, seguro estoy, rendirá frutos. Ese sector ha entendido los cambios y la necesidad de rescatar aquello que merece continuidad. A este sector se suman algunas bien intencionadas organizaciones de la sociedad civil que han ganado reconocimiento por completar sus diagnósticos con una cercanía permanente con el elemento de campo. Dicho sea de paso, hay académicos y activistas con más vocación policial que algunos uniformados que he conocido a lo largo de los años.
La toma de decisiones en la actuación policial, por su naturaleza casuística, difícilmente se apegará con precisión a protocolo alguno. Es el policía con su conocimiento, experiencia, liderazgo y audacia, quien debe resolver en minutos situaciones que a la academia tomaría 4 foros y un congreso. El éxito en las operaciones policiales siempre es compartido. El fracaso, una triste y solitaria experiencia.
Por su parte, la academia es la única instancia capaz de sistematizar experiencias y convertirlas en doctrina; sistematizar procesos y transformarlos en leyes, códigos, reglamentos, manuales y protocolos que doten de fortaleza el actuar de las instituciones de seguridad y justicia. Es el vínculo entre el conocimiento acumulado y los nuevos desafíos. Son los académicos un aliado no siempre reconocido de las mejores prácticas en el ejercicio de la tarea de proteger y servir.
En México no son pocas las aportaciones que la academia ha hecho para mejorar la función policial. Si queremos resolver problemas que a lo largo de los años han impedido su eficacia plena, debemos acudir cada vez más a ella.
Un policía dispuesto a mejorar su rendimiento no tan solo con su formación continua, sino con el aprovechamiento de las aportaciones de académicos y activistas comprometidos con la causa, será un verdadero profesional de la seguridad que, entre otras muchas cosas, sabrá entender y aplicar la función policial.
Académicos y policías son un gran binomio. Los necesitamos más que nunca.

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/CR

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