En la ruta electoral hacia el 2027, se confirma, una vez más, que en política no hay amigos, ni coincidencias, sólo intereses. La renuncia de Adán Augusto López Hernández, como coordinador de la bancada de Morena en el Senado, deja claro que es un pasivo de alto costo para el partido en el poder, que va por la elección intermedia con o sin aliados, aunque el tabasqueño lo niegue.
No hay que perder de vista que la alianza “Juntos Haremos Historia”, conformada por: Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) Partido del Trabajo (PT) y Partido Verde Ecologista de México (PVEM) no pasa por su mejor momento. La reforma electoral y la posibilidad de que no compitan juntos en todos los estados, exhibió las fracturas de la coalición.
El botín político a repartir en 2027, en las llamadas elecciones intermedias, será la base para 2030. Los mexicanos acudiremos a las urnas para elegir 17 nuevos gobernadores, 500 diputaciones federales, 16 alcaldes de la CDMX más otros 680 en el resto del país y mil 088 diputaciones locales, además de la segunda elección del Poder Judicial en la que se elegirá a la mitad de las plazas de jueces y magistrados (mil 700) que no fueron sometidas al voto popular en 2025 y si la aplanadora lo aprueba en el Congreso también se incluirá la revocación de mandato para tener en la campaña y en la boleta a la presidenta Claudia Sheinbaum.
Por ello, en Morena, han decidido deshacerse de personajes incómodos en diferentes niveles. Adán Augusto López, sigue entrampado en los señalamientos por su presunta relación con “La Barredora”, el uso de aviones militares para sus giras, empresas beneficiadas con contratos durante su gobierno y como cereza de pastel la compra masiva del último libro del expresidente Andrés Manuel López Obrador.
No es el único personaje ligado a escándalos, pero si uno de los más destacados por su cercanía con el ex presidente López Obrador, líder moral y político de Morena, que enfrenta su mayor desafío de mantener la unidad del movimiento ante la designación de las candidaturas para sus militantes y aliados, bajo la presión del gobierno estadounidense que no pierde oportunidad de señalar a quien le resulta incómodo o sospechoso.
Así las cosas, aunque Adán Augusto, sale de la coordinación de Morena, conserva su voto y operación como senador y seguramente en paralelo trabaja ya en el proceso electoral del próximo año para colocar a su equipo en cargos de representación popular y atender la agenda que se dicte desde Palenque.
¿Será, que, en la lucha por el poder, el pragmatismo político le dé cabida en las alianzas a los “besos de Judas”, aunque esté en juego la débil democracia mexicana?
@guillegomora