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Al ritmo del trapeador

Al ritmo del trapeador

Columnas viernes 03 de abril de 2020 - 01:48

Me incluyo entre las personas que han tenido la oportunidad de quedarse en casa, el inicio del periodo de reclusión sugerido por las autoridades mexicanas.
El encierro forzoso obliga a la reflexión y las actividades mecánicas, sencillas que constituyen la base de la estructura del hogar (limpiar, barrer, trapear, lavar los trastes, cocinar, etc.) son propicias para pensar, pensar y pensar, desde lo concreto a lo abstracto.
Comparto un par de cosas que la cuarentena me ha traído a la cabeza, entre trapazo y trapazo, al ritmo del trapeador y que tiene que ver asuntos públicos, asuntos que nos interesan a todos.

Primero, la desproporción en la organización de nuestra sociedad que puede verse de manera más clara en relación con lo que se considera valioso, y lo que es valioso, pero está descuidado por nuestra forma de vivir. Muchos, por ejemplo, pagamos abultados seguros de gastos médicos mayores privados para no tener la preocupación de perder el patrimonio si algo grave pasa. El Covid-19 nos ha demostrado la manera inmoral en la que hemos llenado las arcas de las aseguradoras privadas, pues la cantidad de dinero que les ingresa año con año, no se corresponde con el país de las 3 mil camas de terapia intensiva disponibles para atender a las 130 millones de personas que habitan este país. A la hora de la verdad, que es ahora, las ganancias que han tenido las aseguradoras privadas, no parece que servirán de estímulo para que las mismas empresas respondan a los usuarios y al país, no parece que nos vayan a echar la mano, pues con todo y sus carteras llenas. Esta crisis deja claro que el debate entre la necesidad de elegir entre un sistema de salud público, gratuito, robusto y listo para defender la salud de las personas o dejarlo todo a la capacidad de mercado, ha dejado de tener sentido.
Por otra parte, las autoridades de nuestro país, han dejado claro en los discursos que no se declarará un estado de emergencia y que todas las medidas que se tomen con motivo de la contingencia, serán profundamente respetuosas de los derechos humanos. Esto es importante, pues el país toma una posición en relación con el uso de los poderes públicos, cuando en este momento incipiente de lo que se prefigura como una transformación de los modos del mundo, ya hay discusiones teóricas interesantes sobre la necesidad de reforzar los poderes autoritativos de los gobiernos constitucionalmente o insistir en el refuerzo de las libertades individuales
En el caso mexicano, lo que resulta notable es la parálisis en la que han entrado las instituciones: la cuarentena las ha tocado a todas. Pero hay un caso siniestro: la CNDH, de su titular, ni sus luces. Por eso, un objetivo que me he trazado al tiempo que limpio lo más diligentemente mi casa en estos días, es continuar con el amparo que presenté en contra de la ilegal designación de Rosario Piedra Ibarra, que aún está vivo. Pienso llevarlo hasta donde tope. Necesitamos más luz.

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/CR

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