En la penumbra de un club berlinés que nunca duerme, Rosalía y Björk han levantado una catedral sonora. Berghain, el primer sencillo de LUX —el álbum que la catalana lanzará el 7 de noviembre—, no es solo una canción: es un ritual de desamor convertido en ópera pop, grabado con la London Symphony Orchestra y con Yves Tumor como percusionista invitado. En cuatro minutos y medio, dos de las artistas más visionarias de su generación transforman la pesadez del duelo en luz pura.
Rosalía Vila Tobella no llegó aquí por casualidad. A los 13 años entró en la Escuela Superior de Música de Cataluña (ESMUC), donde estudió flamenco con el maestro Chiqui de la Línea, uno de los últimos depositarios del cante jondo. Paralelamente, se formó en producción musical en la Taller de Músics de Barcelona y en la escuela de música moderna R&B. Esta doble vía —tradición oral gitana y tecnología digital— explica su capacidad para samplear palmas flamencas en Ableton y después hacerlas dialogar con una orquesta sinfónica. El Mal Querer (2018) fue su tesis de fin de grado: un álbum conceptual sobre una novia tóxica, basado en una novela medieval occitana. Desde entonces, cada proyecto ha sido una tesis mayor: Motomami (2022) fue su doctorado en reggaetón deconstruido; LUX será su cátedra en mística pop. El video: del electrocardiograma al bosque encantado
Dirigido por Nicolás Méndez y rodado en Varsovia, el clip arranca en la rutina gris: Rosalía plancha ropa mientras la orquesta invade su salón como una tormenta emocional. Sale a la calle con gafas oscuras; los músicos la siguen como una procesión fúnebre. En la consulta médica, un electrocardiograma marca el latido de un “corazón pesado” (la frase en alemán que Björk susurra en el puente). De repente, el giro surrealista: Rosalía se convierte en una Blancanieves dark, rodeada de ciervos y lechuzas. Björk aparece como una lechuza sabia en la penumbra, guiándola hacia un bosque donde el dolor se disuelve en pijamas de lentejuelas. El cierre: un club subterráneo donde Yves Tumor golpea timbales como si fuera la puerta del Berghain real. No es un videoclip; es un vía crucis pop. Y en su estación final, la luz.
Hacía mucho que no disfrutaba un video tan artístico cómo éste.
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