Es verdad que una de las grandes tragedias de sociedades como la mexicana, es su inmovilidad social. La movilidad social es el ascenso que experimenta una persona para acceder a condiciones de vida mejor, esto es -siguiendo la medición de Naciones Unidas- acceso a educación, salud, salario y diversiones -donde se incluye el disfrute del “tiempo libre”-, no es una sobre otra, sino todas ellas al mismo tiempo, repercutiendo en la construcción de un imaginario subjetivo, que hace que una persona comprenda que sus condiciones de bienestar están en una “situación mejor”.
Esa “situación mejor” es: una mejor educación para sus hijos -no confundir con adoctrinamiento fundado en “odio de clase”-; una mejor asistencia sanitaria; un mejor salario -que no es recibir dinero asistencialmente- y un tiempo libre de calidad que permita departir con la familia como más les plazca. Sumemos que al mismo tiempo el reflejo de nuestros impuestos se vea en la mejora de infraestructura urbana, transporte público, seguridad, etc.
La persona en lo particular, y la sociedad en lo general, deben de tener el reflejo de mejora en hechos tangibles, porque eso se debe constatar, es decir que, si va a someterse a un proceso quirúrgico, existan las condiciones materiales que lo permitan: insumos, médicos, áreas de recuperación, terapia y hasta las condiciones legales laborales básicas, que no culpabilicen al empleado por enfermarse en el colmo de la deshumanización y miseria del empleador.
La calidad de vida no es el discurso patriotero y grandilocuente repetido diariamente, con cifras maquilladas, palafreneros repitiendo mentiras en los medios, y grupos de fanáticos repitiendo la palabrería con la que desacreditan, amenazan o atentan contra todo aquel que los contradice, nutrido por lo que siempre ha caracterizado a la demagogia: bravuconería. El principio es claro: si usted comprende que su educación y la de sus hijos es cada vez peor -eso se logra comparándose con otros, saliendo al mundo-; si su acceso a salud es digno de la paupérrima Cuba, con sus agitadores ideologizantes repartiendo ideología en poblaciones pobres ; si usted ve que su salario no le alcanza para satisfacer necesidades básicas de usted y de su familia, producto de su trabajo honesto, y no de las migajas de un gobierno que dice que su vida está tan bien, que ni siquiera le da tiempo o condiciones para pasear en paz en la plaza de su ciudad, tomarse un café y disfrutar de las maravillas de la vida, no les crea nada, pues le están mintiendo, y de la peor forma, porque al adoctrinarlo lo cosifican a un grado clientelar completamente servil y obediente.
México ya lleva tiempo con mucha población estancada, y esto ha favorecido al discurso de resentimiento y odio, con que los peores de nuestra sociedad, han lucrado para reforzar su narrativa confrontativa de la que ellos son los únicos beneficiados