Desde los gobiernos del PAN hasta el peñismo, el saqueo de combustibles se volvió parte del paisaje institucional: ductos perforados, estaciones piratas, contubernio entre criminales yfuncionarios. El robo de hidrocarburos no solo drenaba a Pemex: evidenciaba el grado de descomposición del Estado. Pero nadie se atrevía a tocarlo. Hoy, la Cuarta Transformación aprieta el cerco energético: decomisos históricos, inteligencia financiera y va por cero impunidad.
El presidente López Obrador dio, en 2019, el primer gran giro: cerrar válvulas, militarizar ductos, visibilizar a las mafias del combustible. Pagó el costo político del desabasto, pero cambió el paradigma: por primera vez, el huachicol era un problema de seguridad nacional, no una estadística incómoda. El crimen organizado perdió miles de millones de pesos. Y Pemex dejó de ser una caja abierta.
Hoy, ese combate no solo continúa: se profundiza. Esta semana, el secretario de Seguridad Omar García Harfuch, anunció la incautación de más de 15 millones de litros de combustible robado en Coahuila. Es el mayor decomiso desde que se tiene registro. No es casualidad ni golpe de suerte. Es resultado de una estrategia interinstitucional basada en inteligencia energética, trazabilidad financiera y operación coordinada entre Pemex, la SSPC y las Fuerzas Armadas.
Este golpe es triple. Primero, al crimen organizado, que sigue viendo en el robo de combustibles una fuente de ingresos muy estable. Segundo, a la corrupción, porque sin complicidad de funcionarios locales y federales, ningún huachicolero podría mover un litro. Y tercero, a la simulación neoliberal, que normalizó durante años ese saqueo, mientras Pemex se desangraba y los gobiernos fingían que nada pasaba.
El modelo Sheinbaum–Harfuch combina técnica y voluntad política. No es una guerra, es una operación quirúrgica. Se cruzan datos, se georreferencian ductos, se siguen flujos bancarios, se intervienen instalaciones clave. El mensaje es claro: el huachicol ya no es intocable. Las redes político-criminales que lo sostienen están siendo mapeadas, expuestas, desmanteladas. Se corre la voz de que ya “se les acabó el veinte”.
La presidenta ya le pegó al huachicol en las carreteras con las pipas, en el mar con el buque incautado en Tampico, y ahora en las vías con el tren cisterna interceptado en el norte. El mensaje es contundente: el saqueo no tiene dónde esconderse. Ni ruedas, ni hélices, ni rieles podrán salvar a los responsables.
Y lo más delicado está por venir. Las investigaciones que hoy se afinan en la Unidad de Inteligencia Financiera y la Secretaría de Seguridad están por dar un golpe inédito a las redes de funcionarios corruptos que operaron durante años desde dentro de Pemex, en gobiernos estatales y municipios: los que firmaban los contratos, autorizaban los permisos y escoltaban las pipas.
Este decomiso también fortalece la narrativa de Claudia Sheinbaum como presidenta firme, con resultados tangibles en materia de seguridad. Harfuch, por su parte, consolida su perfil de operador eficaz, al margen del protagonismo, pero con control real sobre áreas sensibles del aparato federal.
Aún hay muchas tomas clandestinas, zonas enteras controladas por mafias de diésel, pipas fantasmas y estaciones cómplices. Pero esta batalla ganada marca un hito. La 4T no sólo está conteniendo al huachicol: está erosionando las estructuras que lo hacían posible.
ENTRE GITANOS
TENENCIA: OBSTÁCULO PARA ESTRENAR AUTO
Los números no mienten: en junio, la venta de vehículos ligeros en México cayó casi 6 %, tercer mes consecutivo a la baja. En la CDMX, donde la regulación vehicular y la carga tributaria influyen en la decisión de compra, esta tendencia es una señal de alerta. Eliminar la tenencia sería una medida oportuna y efectiva para reactivar el mercado sin comprometer ingresos públicos. También sería un mensaje político: el gobierno de Clara Brugada apoya a las familias y al sector automotriz ante la desaceleración económica. Si el incentivo no viene desde arriba, que al menos arranque desde el corazón del país.
*Especialista en Ciencia Política y Gobierno.
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