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Columnas
Este no es un texto apologético para los ministros de la Corte que participaron, públicamente y para que los viralizaran, en un ritual indígena. Creo que varios de ellos, por su biografía, formación y lenguaje corporal, estaban ahí para el performance, nada más. Como tal, el incidente pasará sin mayor cosa, y las críticas o propaganda de la nueva corte se concentrarán en sus futuras sentencias en asuntos con alta importancia económica o relevancia mediática (no necesariamente política). Me interesa resaltar, más bien, la relación complicada que tenemos las personas con la idea del Estado laico (EL), que es lo que para muchos se transgredió con la ceremonia antedicha. En frío, el EL se opone al Estado confesional, que es aquel que reconoce, en sus leyes e instituciones políticas, a una religión como oficial, otorgándole un tratamiento especial y privilegiado, así como a sus adeptos. La tolerancia a otras religiones puede variar, desde la tolerancia garantizada jurídicamente como libertad de creencias, hasta la prohibición o persecución política de cualquier fe no reconocida. Es decir, laicismo no significa anticlericalismo, ateísmo ni desprecio por la dimensión espiritual de los seres humanos. La otra característica asociada al EL, que no es menor, es la separación del poder temporal de las autoridades e instituciones religiosas, y que precisamente, en los estados confesionales suelen estar unidos o confundidos. El régimen del Ayatolah en Irán es un ejemplo de esto último, y las responsabilidades religiosas suelen también confundirse con las responsabilidades civiles, y con las familiares que reciben protección jurídica. Por eso la idea de la separación absoluta entre ambas cosas, tiene aspectos problemáticos desde siempre. La educación pública ha llegado a ser hasta socialista en la Constitución federal, pero buena parte de las personas de clase media y alta, que luego han tomado el control de la política y los negocios en el país, han tenido y tienen aún su formación básica y media básica en escuelas fundadas y dirigidas por congregaciones religiosas (jesuitas, maristas, Salesianos, etc.). Y en la secundaria y preparatoria marista donde yo estudié, había una materia llamada "religión", que ocupaba horas normales en el itinerario académico, y para la que recibías una calificación como de cualquier otra materia. Algunos jefes de Estado mexicanos han ido a visitar al Papa al Vaticano, y si bien los puristas del laicismo han criticado esos incidentes, a nadie se le ocurrió decir que Vicente Fox se reunió con el Papa para que este último "le diera línea" de algún asunto político. Y para acabarla de amolar, desde hace muchísimos años, al mundo lo mueven unos billetes verdes que debajo de los retratos tienen la leyenda "In God We Trust". Resalto, de nuevo, la asimilación de esas contradicciones palpables, que hemos normalizado hasta el grado de no pensar en ellas cuando nos metemos en nuestro mame de las dos espadas.