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El peligro de los volcanes

El peligro de los volcanes

Columnas jueves 25 de mayo de 2023 -


El hecho de que la actividad del Popocatépetl haya sido inusualmente alta los últimos días, ha hecho, por un lado, surgir en los medios a los expertos de ocasión (esos que también eran expertos en química inorgánica durante la guerra contra el huachicol, y en movimientos telúricos al día siguiente de cualquier sismo); por otro lado, los catastrofistas, han dado vuelo al imaginario popular, pues las erupciones han sido un recurso poderoso para impactar a la audiencia en películas de desastres. No pretendo ser parte de los primeros, pero creo algo de información básica, accesible a cualquiera, puede contribuir a tranquilizar a los segundos.

En primer lugar, las erupciones volcánicas son cosa seria. Han cobrado víctimas en varios países, y aunado a ellas, los daños materiales han representado la devastación de localidades enteras, no es un tema económico sino de pertenencia e identidad (imaginemos que regresamos al lugar donde nacimos y en lugar de esa ciudad o pueblo, sólo hay, literalmente, roca).

En segundo lugar, la magnitud potencial de los desastres relacionados han sido magnificados, para efectos dramáticos, por los productos cinematográficos y culturales en general. Es esto último lo que provoca el temor (que se ventila medio en broma, medio en serio, en los cafés y mercados urbanos) de que la lava candente pase por estados completos como si fueran mantequilla, y lleguen su nuestro restaurante favorito de la Colonia Roma. No es chiste, sí lo temen, y sí lo dicen.


Sin minimizar el peligro de una erupción volcánica (y menos en localidades establecidas, por razones que no vienen a cuento, en las cercanías de un volcán activo, como varios poblados de Puebla, Tlaxcala, Morelos y Edomex), es útil tener en cuenta la experiencia histórica registrada para, precisamente, dimensionar y mitigar ese riesgo.


En ese sentido, aunque no es cosa menor, la erupción registrada con más víctimas fue de 82 mil personas, en Indonesia, en el siglo XIX. Puebla tiene 6.5 millones de habitantes. La probabilidad de una erupción borrando del mapa ese (o cualquier otro estado), parece enormemente baja. A eso se añade que las víctimas fatales han ido bajando conforme pasa el tiempo, hasta que en el siglo XXI sólo se registra el incidente de Guatemala, con 319 víctimas.

Pero no son las erupciones, ni la letalidad de la lava bajando. Son los protocolos de protección civil, prevención de desastres y medición de riesgo lo que ha ido mejorando. Por eso hay que hacerles caso. Y esto nos permite hablar del siguiente punto: las autoridades competentes han hecho su trabajo, con una intensa preparación de rutas de evacuación y albergues en las zonas de alto riesgo y hasta de riesgo medio. Pero se han encontrado, en muchas ocasiones, con las resistencias propias del descreimiento miserable de la época, que niega todo lo que no le gusta, en nombre de las razones más exóticas.

En concreto, muchas personas que sí se encuentran en riesgo inminente por la cercanía al volcán, no quieren ni están dispuestos a seguir las indicaciones de las autoridades. Las razones son en parte emocionales y en parte, contra lo que se crea, profundamente racionales (que no implica que sean correctas). Dicen que siempre han estado ahí, que es una trampa de las autoridades para desplazarlos o que temen los saqueos si dejan su propiedad. Este último punto es vergonzoso pero, insisto, racional a su manera.

Sí hay antecedentes de prácticas de rapiña de casas y bienes luego de una catástrofe. Además, si a esto agregamos que las evacuaciones son preventivas (todas, por eso existen), y las personas no ven la fatalidad a los ojos con absoluta certeza, su inversión emocional en lo que tienen (sus casas, sus muebles, lo que sea) les hace medir erróneamente el costo beneficio de quedarse; pero sí hacen ese ejercicio, a sus ojos, ya lo midieron.

Lo mismo pasó hace un mes con los habitantes de una localidad colombiana cercana a un volcán activo, Nevado del Ruíz. Al final, frente a desastres naturales, no queda sino prevenir, en la medida de lo posible, y a nivel de comprensión para evitar el pánico, comparar e historizar. No hay más.

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