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Gestión pública estratificada

Gestión pública estratificada

Columnas martes 14 de febrero de 2023 -


Tener transporte público de calidad es indispensable para cualquier ciudad y país que desee sinceramente el bienestar de su población. No puede ser considerado como una concesión graciosa o una política asistencialista “para los que menos tienen”; como se dice en los medios; ni tampoco para “los que no pueden comprarse un auto”; como han dicho decenas de gobernadores. Esas actitudes discriminatorias sólo reflejan una visión de gestión pública basada en la capacidad económica de la población, que sólo amplía las desigualdades.

Por ejemplo, tener un auto cambia la vida de las personas en México: mujeres, niñas y adolescentes reducen el acoso callejero y eliminan el acoso sexual del transporte público, tu capacidad de movilidad se multiplica, las distancias y horarios no son tema, salvo por razones de inseguridad; la mayoría de la infraestructura de las ciudades está a tu disposición, si tienes alguna discapacidad motriz puedes adaptar tu vehículo y puedes contaminar más el aire que todos respiramos. Eliminas estas quejas y las sustituyes por “hay mucho tráfico” y listo. Vives mejor, sin duda, pero no todas las personas podemos vivir igual sin que colapsen las ciudades y el medio ambiente.

Un cambio de paradigma en la gestión pública consiste en cuantificar el impacto ambiental de nuestras actividades cotidianas. Tarde que temprano se tendrá que hablar en México sobre cómo recompensar de manera individual nuestro impacto al ambiente por nuestros hábitos de consumo. Por ejemplo, el cobro del impuesto por tener un auto, la tenencia, fue muy aplaudido eliminarlo, pero desastroso para el medio ambiente y la sostenibilidad de las ciudades.

Reimponerlo es una actividad que muy pocos gobiernos desean hacer por ser muy impopular. Y que quede claro, los autos híbridos o eléctricos sólo te reducen o eliminan el gasto de la gasolina, pero no el impacto ambiental en su elaboración ni la saturación en la infraestructura citadina. Pero más temprano que tarde se tendrá que hacer, si deseamos tener alguna expectativa de sostenibilidad en nuestras ciudades. Y ni hablar de la responsabilidad de los gobiernos; cuyas acciones u omisiones envenenan nuestro aire, toleran o promueven la depredación de nuestras áreas verdes.

Una guía de gestión pública que reduzca la desigualdad tiene que enfocarse en premiar a quien menos contamina, ya sea para transportarse, producir o consumir; o a quien tenga las mayores limitaciones motrices. Por ejemplo, subsidiar el transporte escolar de la comunidad estudiantil o garantizar transporte público digno a todas las personas con discapacidad.

La desertificación avanza, la deforestación no cesa, los glaciares de nuestras montañas ya desaparecieron y cada vez hay menos nubes en el cielo, indispensables reducir la temperatura en nuestras ciudades y campos. Esto sin contar la temporada de huracanes o los impredecibles sismos.

Una gestión pública estratificada por la capacidad económica de la población sólo nos seguirá llevando a peores escenarios.


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/CR

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