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Hidalgo y Morelos: inmarcesibles libertadores

Hidalgo y Morelos: inmarcesibles libertadores

Columnas martes 15 de septiembre de 2020 - 01:15


Ya apresados, Hidalgo y Morelos fueron sometidos a juicio y declarados culpables en dos jurisdicciones: la militar y la eclesiástica. Por la militar, la alevosa causa fue “Alta Traición”; los vejaron y, sin misericordia y sin honores, los fusilaron arrodillados, de espaldas y vendados. En la canónica, la proditoria sentencia fue “Herejía” y les retiraron el poder de oficiar su ministerio arrancándoles la piel de la palma de las manos con una filosa legra de plata; para mayor humillación, les negaron además los santos óleos, muriendo excomulgados y sin los sacramentos de su fe.
Según Krauze, Hidalgo había hecho la única revolución que en sus circunstancias podía hacer: una guerra de castas, agraria, política y, sobre todo, santa; un incendio teológico que solo quería liberar a los indios de la ominosa postración económica, laboral, social y, sobre todo, humana de 300 largos años. Atinadamente, el autor dice que México nació en verdad de la costilla de aquel hidalgo con nombre de arcángel que, en un acto emblemático (un grito) emitido en un lugar emblemático (Dolores) arrasó tres siglos de oprobio virreinal en medio de un libertario frenesí.
Justo Sierra llamó a Hidalgo el mexicano supremo de la historia, ante quien palidecían todos los otros caudillos de la Independencia: “Su propósito se lo dictó el amor a una patria que no existía sino en ese amor; él fue, pues, quien la engendró; él es su padre, es nuestro padre”. Ignacio Ramírez, el nigromante, escribió: “Los mexicanos no descendemos del indio, tampoco del español, descendemos de Hidalgo”.
Morelos realizó un gran aporte a la lucha, por su parte: introdujo un cuerpo enormemente original de argumentos ideológicos que la legitimaron, un alegato moral que incluyó prescripciones increíblemente modernas de justicia económica, política y social. Con el generalísimo, el ideal de igualdad dentro del país cobró tanta importancia como el ideal de libertad nacional (Krauze).
El Siervo de la Nación dedujo, con razón, que a un reino conquistado le era lícito no obedecer a su rey y reconquistarse, cuando fuera gravoso en sus leyes insoportables. Además de sus extraordinarios Sentimientos de la Nación, Morelos le dio al país su primera Constitución republicana, la de Apatzingán. “La nación”, dijo Lorenzo de Zavala, “parecía tomar una existencia que no tenía”.
A unas horas del aniversario de la incandescencia libertaria de 1810, reflexionemos sobre nuestros padres fundadores. En medio de lo que parece que será una muy triste noche de grito, dediquémosles un pensamiento a estos héroes inmarcesibles que soñaron e iniciaron esto que hoy llamamos México. Conmemoremos estos altos espíritus hoy por la noche; en verdad nos dieron sempiternas patria y libertad, y su prodigiosa vida, inconmensurable obra y muerte egregia nos obligan a estar a su altura en estos tiempos recios. Merezcamos su sacrificio. ¡Viva México!

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/CR

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