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Juicio a expresidentes. Un asunto de justicia democrática

Juicio a expresidentes. Un asunto de justicia democrática

Columnas martes 01 de septiembre de 2020 - 00:30

La historia de expresidentes de América Latina señalados por corrupción no deja de escribirse con casi una veintena de expresidentes que han sido procesados, investigados o encarcelados por corrupción en en lo que va del siglo, un mal que no es exclusivo de Latinoamérica, pero que resulta inquietante, ya que difícilmente una región del mundo tiene a casi 20 de sus expresidentes salpicados por jugosos esquemas de este delito.
Sin duda, el escándalo de los sobornos repartidos por la multinacional brasileña Odebrecht para que le fueran adjudicados contratos de obras públicas en casi todos los países de la región marca un antes y un después. El expresidente Alan García prefirió suicidarse a enfrentar un juicio por corrupción.
En Perú, Pedro Pablo Kuczynski ofreció su renuncia antes de ser sometido a un voto de destitución en el Congreso, convirtiéndose en el político de más alto nivel en caer por el escándalo cuando aún ocupaba su cargo. Mismo caso de los brasileños Luiz Inácio Lula da Silva y Michel Temer. En Panamá son investigados los expresidentes Ricardo Martinelli y Juan Carlos Varela.
Solo en México, que también figura en las investigaciones por el caso Odebrecht, los involucrados permanecen intocados.
Por esto, para la democracia mexicana es vital que se realice una consulta ciudadana para enjuiciar a los expresidentes de la República que hubieran cometido algún delito durante sus administraciones.
Es importante que se indaguen diversos hechos que involucran a expresidentes en presuntos actos de corrupción y fortalecer los mecanismos de participación ciudadana directa que puedan dar fuerza a la actuación de los órganos de gobierno, para que vivamos en un país donde la justicia se ejerza de manera adecuada.
La lucha contra la corrupción debe tener dos partes: una es la justicia, que sea capaz de llevar a fin procesos ejemplarizantes para la sociedad y que impliquen la recuperación patrimonial. Pero si en las instituciones no se crea un cambio de cultura y no se crea un cambio de instancias de transparencia y de rendición de cuentas, estás creando un espacio donde la trampa se puede volver a dar.
Mientras las instituciones no sean fuertes en los países, la corrupción aflorará con mayor facilidad y, de la misma forma, la corrupción es un obstáculo enorme para la consolidación de las democracias.
El problema va más a fondo, es un conflicto cultural de nuestras sociedades, porque la corrupción se convirtió en parte de la vida cotidiana de las personas. El secreto, coinciden los observadores del fenómeno, es que no haya impunidad. Ese es el principal factor de disuasión para los corruptos a todo nivel.
No se trata de promover venganzas políticas, lo cual sería la peor decisión que se podría tomar, sino de eventos debidamente acreditados, como lo dijo el presidente Andrés Manuel López Obrador, “no creo que debamos estar anclados en el pasado, que debemos de ver hacia adelante. La justicia también significa prevenir delitos y que el compromiso era actuar hacia adelante en lo que a nosotros nos corresponde, con honestidad y el no permitir la corrupción”.

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/CR

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