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La Fórmula del Sabor

La Fórmula del Sabor

Columnas lunes 04 de agosto de 2025 -

Quienes me conocen saben que soy una persona llena de energía, y que me gusta canalizarla en actividades, pasatiempos y momentos que la hagan fluir de la mejor manera. Quienes han seguido esta columna también saben que uno de mis deportes favoritos es el automovilismo, especialmente la Fórmula 1. Este apasionante deporte, que forma parte de mi vida desde la infancia gracias a mi papá, me ha regalado emociones intensas: adrenalina, euforia, expectativa… y también la oportunidad de conocer el mundo a través de su gastronomía.

Hay quienes piensan que la velocidad y la cocina no tienen nada en común. Que la F1 es pura acción y que la gastronomía exige pausa y contemplación. Pero quienes vivimos ambas pasiones sabemos que no es así. Porque tanto en la pista como en la cocina hay estrategia, precisión, riesgo, pasión.

Esta semana platiqué con Gabriel Castro, chef de profesión y vicepresidente del Club Ferrari México, del cual también soy miembro activo. La historia de Gabo comienza, como muchas otras, en un rumbo que no era el suyo: estudiaba Administración de Empresas, pero un trabajo en Culinary Cancún le despertó el apetito, literal y figuradamente, por la cocina. Al convivir de cerca con chefs, decidió cambiar de camino y estudiar gastronomía en el CESSA.

Lo que no cambió en su vida fue la Fórmula 1. Tanto él como yo crecimos viendo Grandes Premios al lado de nuestros papás, compartiendo emoción, rituales y esa conexión especial que solo quienes aman este deporte entienden.

Su amor por la F1 lo llevó a crear Sobremesa Fórmula 1, un podcast donde convergen sus dos pasiones: el automovilismo y la comida. Comenzó como lo hacen las buenas sobremesas: entre amigos, con una copa en mano y una gran charla, siempre acompañados por platillos representativos de los países sede de cada Gran Premio. Aunque es amante del buen comer, me confiesa que su combo infalible para ver las carreras es una hamburguesa con cerveza… y la verdad, no puedo culparlo.

En mi caso, la historia no es muy distinta. He hecho de la gastronomía mi forma de contar historias, y también he encontrado en la F1 una ruta de sabores. Una pasta perfecta en Monza, una hamburguesa memorable en Miami o Indianápolis, una feijoada en Interlagos, mejillones en Spa-Francorchamps, escargots en Le Mans… y, por supuesto, unos tacos inigualables en México. Porque la F1 no solo se corre: también se come.

Sí, se puede vivir la Fórmula 1 desde la cocina, desde la barra de un bar, desde la mesa de un restaurante o incluso frente a la pequeña televisión de un puesto taquero. La velocidad también tiene sazón. Y como buena amante del buen comer, seguiré buscando el maridaje perfecto entre un Gran Premio y un gran platillo.

¡Buen Provecho!

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/CR

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