Desde que apareció el ser humano ya como un ente pensante (homo erectus), una vez que logró establecer conciencia de su existencia y de su papel en este gran ecosistema que denominamos La Tierra. Empieza a tomar y transformar los recursos naturales que están en su entorno, utilizándolos para su subsistencia y bienestar. Y consecuentemente ha tener contacto con sustancias tóxicas. Su primer contacto con las dioxinas y furanos que resultan de la combustión de la madera (biomasa) se remonta a más de 1.5 millones de años que es la ancestral referencia del hombre primitivo que utilizaba el fuego recogido de fuentes naturales como incendios forestales causados por los rayos. Se encontraron restos de fogatas en la cueva Wonderwek en Sudáfrica (hace 1.0 a 1.5 millones de años) en la cuenca del río Jordán que sugieren un aprovechamiento permanente. Se estima que el control total del fuego, incluyendo la capacidad de encenderlo a voluntad (mediante fricción o chispas) se remonta a 400,000 hasta 700,000 años para la supervivencia del homo erectus tardío. Durante cientos de miles de años la madera (biomasa) ha desempeñado un papel fundamental en el proceso civilizatorio del ser humano. Este recurso forestal se ha estado quemando para obtener su energía en forma de calor y de luz.
Existen evidencias de que el plomo inició su uso en el año 6,500 a.C. en Anatolia (Turquía) por su maleabilidad y resistencia a la corrosión. En Egipto y Mesopotamia (4,000 a.C.- 3,000 a.C.) lo usaban para vidriar cerámica, para estatuillas y China usó plomo por primera vez como moneda. El Imperio romano dio un uso cotidiano al plomo para fabricar tuberías de agua, utencilios de cocina, monedas y cosméticos. A pesar de conocer (precariamente) su toxicidad. En el siglo XX se generaliza su uso del plomo como materia prima para fabricar pigmentos (amarillos y ocres) para pinturas de todo tipo y desde 1921 se utilizó como antidetonante en las gasolinas. México lo retiró en 1993 y lo sustituyó por DTBE (dimetil terbutil éter) que es un oxigenante de la gasolina, precursor de ozono.
Los colores (de origen natural primero y luego de arcillas minerales metálicas) para la lana y algodón se usaron hace 5,000 años en China, India y Egipto. La comida procesada o comida chatarra (“junk food” como la bautizó Michael Jacobson en 1972) utiliza hasta 3,000 sustancias químicas sintéticas como aditivos y conservadores alimenticios. “Las galletas” que conocemos iniciaron formalmente su presencia después de la recesión de USA en 1931 y a partir de la terminación de la segunda guerra mundial en 1945 se inicia formalmente la comida y bebidas procesadas en forma masiva en USA.
La industria petroquímica desde 1921 nos ha dado cientos de sabores, colores y aromas sintéticos, además de fertilizantes químicos y plaguicidas tóxicos. Surgieron de los gases derivados de la refinación del petróleo.
*Carlos Alvarez Flores, Presidente de México, Comunicación y Ambiente, A.C.
Experto en Gestión de Residuos y Cambio Climático
www.carlosalvarezflores.com y Twitter @calvarezflores