El discurso de la derecha deambula como fantasma en la política mexicana como un puente que podría servir para que agentes de la DEA, el FBI y espías de la CIA, crucen la frontera sin problema, y puedan ejercer su justicia en nuestro suelo.
La constante en medios de derecha, desde las trincheras del golpe de Estado coincidieron con un nuevo discurso: negar que se estuviera preparándose un golpe de Estado contra el gobierno de México y los mexicanos.
A pesar de las innumerables agresiones retóricas que va desde el debate agresivo en el Congreso hasta la toma de calles sin causa, de amenazas por tratar de hacer del narcotráfico el gran conflicto social del país, quieren negar la elaboración de un golpe de Estado blando. Hasta invitaron a una conferencista a la Universidad de La Libertad, propiedad de Salinas Pliego--donde los egresados afirman que tienen resuelto el problema para no pagar impuestos con la emisión permanente de más billetes y así nadie tendría que tener responsabilidades tributarias--, para legitimar las fantasías de la oposición.
La ultraderecha llega al absurdo y los inconformes, ante la ausencia de una verdadera oposición, con proyecto nacionalista, abren sus simpatías a temerarias afirmaciones de ultraderechistas extranjeros, que quieren sustituir a los votos.
Una de las convocadas promonárquicas. Financiada por Salinas Pliego, dio vuelo a su rancio discurso en redes, con alcance y cobertura pagadas, a una serie conceptos basados en el imaginario opositor de México.
Un discurso que no convenció a ningún contrincante pero afirmó los mitos de los conservadores, difundidos en los medios para una clase media poco ilustrada y peor informada. Un segmento de la población huérfana de conocimientos histórico y sin el hábito de la lectura, consideraron que el discurso de la duquesa Cayetana era un ejemplo de valentía y dignidad. Coincidencia sintomática que sean mujeres, de dentro y fuera de México quienes niegan la posibilidad de un golpe, a esta embestida desinformativa se unieron Xóchitl y su alter ego, Kenia López.
Aquí el problema no es la visita de esa mujer de la nobleza sino la reiteración de la inexistencia del proyecto de un golpe de Estado, y, lo que es peor, su justificación en caso de ser real.
La política de un golpe afectará a todos los que no tengan poder, como antes, incluso a quienes ahora lo promueven. Las primeras víctimas de la represión serán los ciudadanos no organizados, los que pensaron que con una posición conservadora individualista y haber puesto like a un meme contra el gobierno, podrían tener consideraciones en un régimen dictatorial antidemocrático.
Negar el golpe de estado es votar por la represión. Impulsarlo no sólo es traición a las mayorías sino nostalgia por un pasado saturado de corrupción, desigualdades y racismo.