Cuando los psicodélicos se estudiaron por primera vez hace más de 50 años, investigadores observaron que eran útiles para ayudar a las personas a explorar un mayor sentido de sí mismas. Ahora, después de un paréntesis de medio siglo, la comunidad científica está estudiando psicodélicos como la psilocibina, MDMA o la ketamina y su uso en el tratamiento para la depresión, el Trastorno por estrés postraumático (TEPT), la ansiedad y otros trastornos mentales en acompañamiento de psicoterapia.
Antes de seguir hablando de psicodélicos, debemos desmitificar la connotación negativa que tiene esta palabra. ¿Qué significa la palabra psicodélico? ¿Cómo se describe o define? Es un neologismo, es una palabra que fue acuñada en 1957 por el Doctor Humphry Osmond, un psiquiatra británico que estaba haciendo investigaciones con psicodélicos y otras drogas en Estados Unidos durante 1950. En ese momento el término usado era psicotomimético y la forma en que eran clasificadas estas sustancias era que “imitaban una psicosis”.
Osmond continuó estudiando por su parte, haciendo estudios en pacientes y con él mismo. Lo que vio fue que las experiencias no siempre eran psicosis, y que muchas veces eran profundas, significativas e incluso espirituales. Fue entonces que de la mano de Aldous Huxley, buscó un nombre mejor para describir los beneficios que podrían tener para las personas. Psicodélico viene de dos palabras griegas en donde psique es “alma humana” y delos hace referencia a “descubrir o manifestar lo que ya está allí”.
Pero, ¿qué prometen los psicodélicos como complemento de la biomedicina? Tienen gran potencial para tratar trastornos como la ansiedad, depresión, estrés postraumático, reducción del estrés en pacientes terminales, algunas adicciones e incluso en trastornos de la conducta alimentaria como la anorexia. Además, estudios han revelado que los beneficios terapéuticos son muy altos y el riesgo de su utilización es relativamente bajo.
Si bien las comunidades indígenas han utilizado la psilocibina en la medicina tradicional durante milenios, es importante destacar que la terapia psicodélica no es tan sencilla como rellenar una receta y tomarse una pastilla en casa, y no es para todo el mundo. En cambio, la administración de psicodélicos - como la psilocibina, el compuesto de los "hongos mágicas", entre otros - debe ser una experiencia en la que pacientes estén bajo supervisión por profesionales calificados y en la que se haga un trabajo de integración.
El éxito de las terapias con psicodélicos radica, como lo han dicho muchos profesionales de la salud, en el “escenario y el entorno”, la mentalidad con la que inician pacientes el tratamiento y el entorno físico en el que se encuentran es sumamente importante. Por eso, en los ensayos clínicos, terapeutas trabajan con pacientes durante algunas sesiones antes de tomar la dosis de psilocibina y durante varias después para procesar la experiencia.
Actualmente la innovación en la salud mental vive una auténtica edad de oro y se está desarrollando en paralelo a la crisis de salud mental mundial que afecta a millones de personas. Como parte de los esfuerzos que estoy realizando para despenalizar y desestigmatizar el uso de la psilocibina y, como seguimiento al Parlamento Abierto de “Psilocibina y Hongos Psilocibes, una oportunidad para México”, realizado en octubre de 2022, este 24 y 25 de enero te invito a seguir en mis redes y las del Senado de México, el “Foro Intercultural de Medicina Enteógena”.
En este espacio reuniremos a representantes de pueblos originarios, personas expertas en salud mental, comunidad científica y autoridades del sector salud que nos compartirán su perspectiva sobre medicina enteógena y saberes ancestrales de medicina en América. Recordemos que estamos ante una oportunidad única, que nuestro país se convierta en un referente en cuanto a la conservación de nuestro patrimonio biocultural y la regulación responsable de los hongos psilocibes y otras plantas ancestrales.