Se construye lo que deja más margen, no lo que millones de mexicanos pueden comprar
Los precios de la vivienda siguen subiendo y el problema ya dejó de ser sólo económico: comienza a convertirse en un factor de exclusión social. Cada incremento en el valor de las casas y departamentos aleja a más familias de la posibilidad de comprar un patrimonio y las empuja a un mercado de renta cada vez más caro y precario.
La pregunta ya no es únicamente cuánto cuesta una vivienda. La verdadera interrogante es: ¿para quién se está construyendo?
Porque mientras el valor promedio de una vivienda en México superó los 2 millones de pesos en el primer trimestre de 2026 —según datos de la Sociedad Hipotecaria Federal— millones de trabajadores simplemente quedaron fuera de ese mercado desde hace años.
Ahí la contradicción: hay vivienda terminada que no se desplaza, mientras no se produce la que realmente demanda la mayoría de la población.
Mucho inventario… pero para pocos
Los desarrolladores no están construyendo necesariamente donde más se necesita ni para quienes más requieren vivienda. Están construyendo donde las condiciones financieras les permiten mantener rentabilidad.
Y eso ha provocado un fenómeno preocupante: existe inventario en segmentos medios y altos que se mueve lentamente, mientras el déficit de vivienda asequible sigue creciendo.
No se trata de que no exista demanda. Lo que no existe es oferta adecuada para ingresos promedio de entre 15 mil y 30 mil pesos mensuales; para los sectores más amplios del país.
El mercado terminó atrapado entre varios factores:
tierra cara,
permisos lentos,
financiamiento costoso,
incremento en materiales,
infraestructura insuficiente,
y una regulación urbana que muchas veces castiga más de lo que incentiva.
El resultado es brutal: construir vivienda económica dejó de ser negocio para muchos desarrolladores.
El problema no es una burbuja… es un desajuste
No parece venir un colapso inmobiliario como ocurrió en otros países. México no vive una burbuja hipotecaria descontrolada. El crédito sigue siendo relativamente sano y la banca mantiene filtros estrictos.
Pero eso no significa que el sector esté bien.
Lo que existe es una especie de “parálisis selectiva”. Un mercado donde sí hay dinero, sí hay crédito y sí hay necesidad de vivienda… pero las piezas no logran embonar.
Por eso el dato de la SHF resulta tan revelador:
el precio nacional de la vivienda aumentó 8.7% anual;
la vivienda nueva subió 9.1%;
y la vivienda económica-social registró un incremento todavía mayor: 11%.
La vivienda que debería ayudar a cerrar la brecha de acceso es la que más se encarece; pero las nuevas generaciones se preguntan “¿algún día podré comprar mi casa?”.
La renta gana terreno
El efecto ya se siente en las ciudades. Cada vez más personas postergan la compra de vivienda y permanecen en renta por más tiempo.
Eso está transformando el mercado completo:
más desarrollos destinados a renta,
mayor interés institucional,
crecimiento de esquemas multifamily,
y fondos volteando a ver el negocio habitacional.
No es casualidad que las Fibras ya comiencen a entrar al segmento vivienda.
Después de 15 años de liderazgo de Fibra Uno, el mercado observa nuevos movimientos como Fibra Next en industrial y ahora propuestas como Fibra Park Life Properties enfocadas a vivienda premium
Porque incluso los inversionistas ya entendieron algo fundamental: la vivienda seguirá siendo uno de los mercados con mayor potencial en México. Hablaremos aquí de las oportunidades que surgen.
PREGUNTA
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