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Mujeres, violencia y literatura

Mujeres, violencia y literatura

Columnas jueves 16 de septiembre de 2021 -

Sergio González

Justo hace un año, la editorial de la Universidad de Oxford publicó el libro Violencia contra las mujeres en política, de Mona Lena Krook. La introducción del texto se intitula Un problema sin nombre y refiere cómo es que este carcinoma social se conformaba por diversas expresiones o manifestaciones de violencia y segregación, de tal manera que su naturaleza particular se disolvía y resultaba difícil ubicarlo o definirlo con la claridad necesaria.

En una suerte de genealogía global, la autora hace un recuento planetario de la historia y desarrollo del fenómeno y del concepto mismo de la Violencia Política contra las Mujeres en Razón de Género (VPG). Recuenta también el proceso mediante el que se logró nombrar el problema, que fue el primer paso para hacer visibles sus causas y efectos, tan perniciosos para la fibra entera de las comunidades modernas y de la democracia misma.

Revela que los primeros esfuerzos para ponerle nombre a lo que ahora es la VPG, arrancaron en el hemisferio sur y en especial en Bolivia a finales de los años noventa. Mujeres electas, organizadas en la Asociación de Concejalas de Bolivia (ACOBOL), señalaban como “acoso político” lo que padecían procedente de sus colegas hombres.

A principios de los años 2000, en el sur de Asia, diversas redes de mujeres en política condenaron la “violencia política contra las mujeres”. Para 2007, en la conferencia regional de la Sociedad Internacional de Asia del Sur, celebrada en Katmandú, Nepal, se logró enumerar una amplia tipología de violencias contra las mujeres en política, como la física, la sexual y la psicológica.

A finales de los 2000, en Kenia, diversos actores estatales y no estatales demandaron el reconocimiento de la “violencia electoral basada en género” ejercida no solo contra candidatas sino inclusive contra electoras. Lo lograron gracias al caso paradigmático de Flora Terah. Ella era candidata al parlamento, cuyos opositores, después de amenazarla sin éxito para que dejara la candidatura, enviaron a un grupo de rufianes que, salvajemente, la golpearon hasta casi matarla. Hospitalizada, no pudo hacer campaña y perdió la contienda electoral. Sin embargo, el ataque recibió cobertura de medios internacionales y Amnistía Internacional lo incluyó en su reporte anual de 2008 sobre el estado de los derechos humanos en el mundo.

A lo largo del libro, Krook propone una infraestructura teórica robusta para estudiar el fenómeno. Presenta también una tipología muy útil para clasificarlo, lo que hace del texto más un manual para la acción que solo una indagación académica. Se trata de una obra que hay que leer completa y con urgencia en estos tiempos en los que felizmente avanzan normas, instituciones y procedimientos diseñados para prevenir, combatir y sancionar este terrible fenómeno, generalmente diseñados e impulsados por mujeres líderes de todos los órdenes y niveles.

@ElConsultor2


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