El pasado lunes 20 de octubre tuve el honor de rendir mi primer informe legislativo, un ejercicio de transparencia, cercanía y compromiso con la gente que me vio nacer, con mi barrio y con todas y todos los que han confiado en mí para representarlos en la Cámara de Diputados. Lo hicimos como debía ser: en el corazón de nuestra ciudad, en el Museo de la Ciudad de México, rodeada de vecinas, vecinos, compañeras y compañeros que han caminado conmigo desde hace muchos años.
Este primer informe no fue solo un acto protocolario; fue una oportunidad para mirar hacia atrás con gratitud y hacia adelante con convicción. En este primer año legislativo he defendido las causas que me impulsaron a entrar en la política, la justicia social, los derechos de las mujeres, la dignidad de los trabajadores, el acceso a la vivienda y la seguridad en nuestras comunidades. Cada iniciativa, cada intervención y cada voto en el Congreso ha tenido como punto de partida y destino el bienestar del pueblo.
Desde el primer día asumí que la política debía volver a tener rostro humano, y que los compromisos no se cumplen desde un escritorio, sino en las calles, en los mercados, en los parques y en los barrios. Por eso he mantenido un contacto permanente con la gente, escuchando sus preocupaciones, sus historias y sus luchas. Mi oficina no solo está en San Lázaro; también está en Tepito, en la Cuauhtémoc, en cada colonia donde hay alguien que levanta la voz con esperanza.
En el informe compartí los avances de mi trabajo legislativo: propuestas para fortalecer la economía popular, la seguridad ciudadana y la igualdad de oportunidades para las mujeres y los jóvenes. Hemos impulsado reformas que buscan proteger a las trabajadoras del hogar, garantizar condiciones dignas en los mercados públicos y reconocer el papel de las madres jefas de familia como eje del desarrollo comunitario.
También he defendido con firmeza la idea de que la vivienda es un derecho, no un privilegio, y que la Cuauhtémoc, al igual que muchas otras alcaldías, merece espacios seguros, limpios y con servicios dignos. Mi compromiso es seguir trabajando para que las familias puedan vivir sin miedo, con empleo, salud y educación.
Pero más allá de los números, los discursos o los logros legislativos, lo que más me llena de orgullo es ver que seguimos caminando juntas y juntos. Porque cuando una mujer del barrio llega al Congreso, no llega sola, llega con la voz de su gente, con la fuerza de la comunidad y con el corazón de quienes nunca se rinden.
Este primer informe también me hizo pensar en lo que significa venir del barrio y llegar a espacios donde pocas veces se escucha nuestra voz. Cada paso ha sido fruto del esfuerzo colectivo, del apoyo de mi familia, de mis vecinos y de todas esas manos que me acompañaron cuando los caminos se ponían cuesta arriba. No olvido de dónde vengo ni a quiénes represento; cada logro es de quienes creyeron en mí cuando todo parecía imposible. Ese día, al ver a tantas personas reunidas, entendí que no solo estaba rindiendo un informe, estaba honrando la historia, la resistencia y la esperanza de mi gente.
Rendir cuentas no es una obligación, es un acto de respeto y de amor al pueblo, y así seguiré haciéndolo, con los pies en la tierra, con la mirada en el futuro y con el corazón puesto en el barrio que me enseñó que la lucha vale la pena. Porque en Tepito aprendí que no hay derrota cuando se lucha con dignidad, y en cada rincón de la Cuauhtémoc he encontrado razones para seguir adelante.
María Rosete