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Columnas
En la Feria Internacional del Libro de Guadalajara del 2020, dos intelectuales de primer orden se reunieron virtualmente (por la pandemia) para reflexionar sobre el estado actual del mundo, sobre las causas, peligros y efectos del avance de los populismos y de nuestras fracturas sociales, económicas y políticas.
Michael Sandel es profesor de la materia Justicia en la Universidad de Harvard y autor de diversos textos sobre filosofía política, como Justicia ¿Hacemos lo que debemos? entre otros. Yuval Noah Harari es historiador y autor de obras extraordinarias como Sapiens: De animales a Dioses y Homo Deus: una breve historia del mañana.
La plática es de visita obligada en YouTube, pues al estudiar el estado del mundo actual de aquel momento ominoso, atenazado entre la pandemia y los regímenes ultranacionalistas e iliberales, surgió entre ellos el concepto novedoso de la economía del deshonor.
Sandel lo había atisbado en La Tiranía del Mérito, su libro más reciente, pero fue verbalizado por primera vez por Harari. Se refirieron a la sensación de humillación, abandono y hasta traición que las clases trabajadoras han resentido en los últimos 40 años de neoliberalismo globalizador. Durante ese lapso vieron rodar por el suelo la promesa de que si iban a la universidad, se esforzaban y se sacrificaban en el trabajo, su posición económica y social mejoraría a la vuelta de unos años (“lo que ganes, dependerá de lo que aprendas”) sin que eso haya sucedido en sus vidas por generaciones enteras.
Según los comentaristas, el problema es que a la promesa, falsa por lo demás, subyacía un insulto, pues el umbral para acceder a una educación profesional sigue siendo muy alto en todo el mundo, casi de imposible consecución y frente al que los partidos progresistas, otrora conciencia de la nación y contrapeso de los excesos del modelo neoliberal, apenas atemperaron o de plano, ignoraron.
Estos estratos sociales, así agraviados, han presenciado cómo se fue ampliando la brecha que los separa, en todas sus expresiones, de los más favorecidos, a su vez arrogantes por la “fortuna” de sus propias trayectorias educativas y de emprendimiento; logros acontecidos, según ellos y ellas, por su propio esfuerzo personal y suerte particular.
En este coctel de baja estima de un grupo y envanecimiento del otro, las sociedades se han fisurado en “ellos vs nosotros” y las clases obreras, siempre más numerosas, fueron acercándose a los partidos y candidaturas de todas las orientaciones políticas, que les ofrecieran reparar la falta de reconocimiento y estima respecto de sus aportaciones a la comunidad nacional y soluciones rápidas a sus agravios económicos y sociales. De paso, si se podía, que recriminaran y sancionaran a las élites por su falta de empatía y compasión.
@ElConsultor2
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