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Así han sido siempre

Así han sido siempre

Columnas martes 29 de septiembre de 2026 -


“Ellos [EEUU] tienen un afán de injerencia en México, por sus elecciones y porque así han sido siempre, la verdad”. Detrás de esta frase de la presidenta Claudia Sheinbaum, en la mañanera del 2 de septiembre, caben dos siglos de una relación marcada por el injerencismo.
Sheinbaum recordó Texas, las intervenciones extranjeras y una historia donde la defensa de la soberanía ha sido recurrente. El domingo, en el Zócalo, volvió al tema: los mexicanos no queremos “injerencias, ni intervencionismo, ni violación a nuestra territorialidad”.
Estados Unidos no inventó el intervencionismo con Donald Trump; lo que ha cambiado son sus instrumentos. En el siglo XIX fueron territorio, guerra y ocupación. En 1914 ocuparon Veracruz y, dos años después, Pershing penetró nuestro territorio persiguiendo a Francisco Villa. Después la injerencia fue a través de diplomacia, inversiones, financiamiento y comercio.
Hay un episodio inevitable de recordar. Se atribuye a Robert Lansing, exsecretario de Estado estadounidense, una carta de 1924 donde habría sostenido que para dominar México bastaba controlar al Presidente. Pero proponía algo más: abrir sus universidades a jóvenes mexicanos, formarlos y esperar a que ocuparan posiciones de poder. ¿Te suena familiar? Observa lo ocurrido décadas después.
A partir de los ochenta llegaron los tecnócratas: economistas y funcionarios altamente preparados, muchos formados en universidades estadounidenses. Miguel de la Madrid estudió en Harvard; Carlos Salinas realizó ahí estudios de posgrado; Ernesto Zedillo obtuvo su doctorado en Yale.
El estudio “Las élites neoliberales en México: ¿cómo se construye un campo de poder que transforma las prácticas sociales de las élites políticas?”, de Alejandra Salas-Porras, identificó a 22 funcionarios clave en las reformas neoliberales: 21 realizaron posgrados en el extranjero y 20 en Estados Unidos.
El dato no demuestra conspiración alguna. Estudiar en Harvard tampoco convierte a nadie en representante de Washington. Pero aquellas generaciones se formaron en un ecosistema intelectual donde predominaban nuevas concepciones sobre mercado, Estado, apertura comercial, privatizaciones y globalización.
Regresaron a México y encontraron la crisis de 1982. Después vino el GATT, que aceleró la apertura comercial; siguieron las privatizaciones, la reducción del papel empresarial del Estado y finalmente el TLCAN.
La influencia había cambiado. Ya no hacían falta tropas cuando existían mercados, créditos, inversiones, tratados y élites que compartían paradigmas económicos. No se necesitaba una orden desde Washington; existía una visión coincidente sobre el futuro de México.
Hoy los instrumentos vuelven a transformarse: aranceles, migración, narcotráfico, agencias de seguridad, inteligencia, tecnología y cadenas de suministro. La capacidad estadounidense de injerencia ha sabido adaptarse a cada época.
México también construyó respuestas: Juárez defendió República y territorio; Carranza, la no intervención; Cárdenas extendió la soberanía a los recursos naturales y la Doctrina Estrada convirtió en principio diplomático la autodeterminación de los pueblos.
En el siglo XXI el desafío es diferente. México comparte más de 3 mil kilómetros de frontera y una profunda integración económica con la mayor potencia del continente. De ahí la fórmula de Sheinbaum frente a Washington: cooperación, sí; subordinación, no.
Porque podrán cambiar los presidentes, los instrumentos y las épocas, pero nunca cambia quién decide el destino de México: el pueblo.
ENTRE GITANOS
CLARA ARROPA A LA PRESIDENTA
Gran discurso el de Clara Brugada el domingo en un Zócalo abarrotado. No fue menor que, como anfitriona de la presidenta Claudia Sheinbaum en el cierre de su gira nacional de rendición de cuentas, la Jefa de Gobierno aprovechara muy bien esos minutos.
Brugada llamó a construir tres unidades en torno al liderazgo de la Presidenta: la unidad de los de abajo, la del movimiento de transformación y la unidad nacional. Pero, el momento de mayor fuerza política fue cuando dialogó con la plaza: ¿quién defiende la soberanía?, ¿quién defiende la transformación?, ¿quién gobierna México? Y el Zócalo respondió: el pueblo.
*Especialista en Ciencia Política y Gobierno.
avilezraul@hotmail.com




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