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Columnas
Dick Morris es autor de uno de los grandes libros de la ciencia política moderna. Se llama El Nuevo Príncipe (1999), en clara referencia al texto de Maquiavelo, en el que abarca los temas tradicionales de la lucha por el poder y de la lucha en el poder, desde un enfoque contemporáneo.
Morris fue un exitoso consultor político de Bill Clinton desde la gubernatura de Arkansas a finales de los setenta, y se le atribuye la estrategia que le permitió la reelección presidencial en 1996.
En su famoso texto, ya todo un clásico, incluyó en capítulo completo, el 43, sobre los debates, que subtituló: Dominando el Diálogo. Afirma que los debates modernos no son para derrotar los argumentos del o la contrincante, persuadir sobre tus propuestas o responder correcta y completamente la preguntas de medios y moderación. Son, dice, para ratificar los temas propios de campaña y verse bien a cuadro, o “retratar bien”.
Declara que de lo que se tratan en realidad los debates es de presentar el esquema propositivo de las respectivas campañas para ver cuál es el más atractivo para la opinión pública. Informa que más que el desempeño de las candidaturas, lo importante será el contenido del debate.
Se duele de que ningún debate cambiará las opiniones del electorado en los asuntos clave; que no cambiará los sesgos previos en asuntos como el combate al crimen, la carga impositiva y la defensa nacional, tan caros para las y los republicanos; o como la educación, la tercera edad y el cambio climático para las y los demócratas.
Aclara que el truco es asegurarse de que el contenido y las propuestas propias predominen en la discusión. Enseña, además, que los ataques sirven para dos cosas: para manchar la reputación del o la contrincante, claro, pero también para distraerlo o distraerla y obligarle a que se defienda, en lugar de hablar de su propuesta programática.
Finaliza diciendo que es muy fácil saber quién ganó el debate, que no hay que escuchar a las y los expertos y comentaristas.
Dice que hay que sumar los minutos usados en cada asunto por todas las candidaturas y determinar a qué partido o coalición favorece dicho tema. Ejemplifica con debate hipotético: si una candidatura demócrata pasó 10 minutos hablando de educación y 10 sobre impuestos, pero la candidatura republicana habló sobre educación solo 2 minutos y 15 sobre impuestos, entonces se habló durante 12 minutos de educación y 25 en impuestos.
Pondera Morris que como educación es un tema muy demócrata e impuestos muy republicano, la ventaja en este ejemplo, se la habrá llevado la candidatura republicana. Con esta óptica, habría ver de nuevo los debates presidenciales mexicanos de 2024 para verificar con cuaderno en mano y una calculadora.
@ElConsultor2
gsergioj@gmail.com
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