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La resección de glioma: un acto quirúrgico que trasciende a la vida

La resección de glioma: un acto quirúrgico que trasciende a la vida

Columnas miércoles 17 de septiembre de 2025 -

Hay días en que entro a quirófano sabiendo que lo que me espera no es solo una cirugía: es una batalla silenciosa contra uno de los tumores más desafiantes que conocemos, los gliomas.

Estos tumores, que nacen de las células gliales —las que protegen y nutren a nuestras neuronas—, no son tan comunes como el cáncer de mama o el de próstata, pero su impacto es devastador. Afectan a personas jóvenes, productivas, y se manifiestan con síntomas que pueden parecer inocentes hasta que la enfermedad ya está avanzada. En cada caso, la neurocirugía no es únicamente técnica: es también humanidad.

El lugar de la cirugía en México

En el Hospital Regional 1º de Octubre, donde se reúnen varios neurocirujanos especialistas, enfrentamos con frecuencia este tipo de tumores. Para los casos complejos, aquellos ubicados en zonas profundas, centroencefálicas o de difícil acceso, recurrimos a la neurocirugía funcional y a la estereotaxia, técnicas que nos permiten obtener biopsias diagnósticas de manera segura, con una mínima agresión y con la certeza de que podremos orientar mejor el tratamiento.

Este trabajo no lo hacemos en soledad. La neurocirugía en México es también un ejercicio de colaboración interinstitucional. En múltiples ocasiones nos hemos hermanado con colegas del Centro Médico Nacional 20 de Noviembre y del Hospital General de México, especialistas de gran prestigio y amigos entrañables, que acuden a nuestro hospital para apoyar en el diagnóstico y tratamiento de estos pacientes. Esa capacidad de unirnos más allá de los muros institucionales refleja no sólo la solidez técnica de nuestro gremio, sino también la humanidad que compartimos como médicos: cuando se trata de un paciente con un tumor cerebral, no hay fronteras, sólo compromiso y solidaridad.

Contamos además con herramientas de vanguardia: neuronavegación, plataformas endoport que permiten acceder a tumores profundos minimizando la lesión sobre la corteza, y microscopios quirúrgicos de última generación que, mediante fluorescencia, revelan los límites entre tejido sano y tumoral. Aunque la resonancia intraoperatoria aún no es una realidad extendida en nuestro país, la combinación de experiencia y tecnología nos permite realizar intervenciones precisas y seguras, adaptadas a nuestra realidad nacional.

Por qué operamos un glioma

Operar no significa curar, porque los gliomas se infiltran en el tejido cerebral sano. Pero la resección cumple varios propósitos esenciales:
• Obtener el diagnóstico molecular, hoy imprescindible para definir el tratamiento.
• Reducir la masa tumoral y con ello mejorar la calidad de vida.
• Controlar síntomas como convulsiones, cefalea o déficit neurológico.
• Otorgar la oportunidad de que terapias complementarias radioterapia, quimioterapia, nuevas terapias dirigidas actúen de manera más efectiva.

Señales que no debemos ignorar

No existen programas de detección temprana para gliomas, pero sí señales de alarma que la población debe conocer: una convulsión en alguien sin antecedentes, un dolor de cabeza que empeora cada día, cambios de conducta o memoria, dificultad para hablar o mover un brazo. Ante cualquiera de estos síntomas, la resonancia magnética indicada por un médico es la mejor herramienta diagnóstica.

Entre la ciencia y la vida

En cada cirugía de glioma está presente la ciencia más compleja, pero también la vida más sencilla: la de una persona que quiere volver a abrazar a sus hijos, terminar sus estudios o seguir trabajando. He visto cómo un diagnóstico a tiempo cambia destinos y cómo una cirugía bien planificada devuelve esperanza. También he visto el peso de los diagnósticos tardíos, que nos dejan con pocas armas y demasiado dolor.

Escribo esta columna porque la neurocirugía es más que bisturí y microscopio: es un puente entre la ciencia y la salud pública. Hablar de gliomas no es un tema reservado a especialistas; es un llamado a que todos estemos atentos a lo que el cerebro nos dice. Sus señales no son ruidosas: son susurros. Escucharlos puede marcar la diferencia entre vivir con dignidad o enfrentar una tragedia silenciosa.

Ese es, en el fondo, el sentido de cada resección: defender con precisión científica y compromiso humano la posibilidad de seguir viviendo plenamente.

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/CR

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