Mientras Morena y los aliados firman un pacto de unidad para el proceso electoral del 2027, la oposición sigue desprestigiándose y denigrándose a nivel nacional. Alito Moreno, por despecho, hace malabares y espectáculo que rayan en lo ridículo, especialmente con el encuentro que tuvo con la golpista María Corina Machado en Washington. No veo por ningún lado que eso repercuta en nuestro país cuando las encuestas de opinión, que han sido certeras, nos han aclarado el panorama de lo que sucederá, incluyendo el estado de Sinaloa, donde la coalición Seguimos Haciendo Historia se perfila a ganar de manera abrumadora. Eso significa, más allá de la atmósfera sucia que genera la oposición, que ese enclave es y seguirá siendo fiel al proyecto de transformación que encabeza la presidenta constitucional, Claudia Sheinbaum.
Con todo ello, hay poderosas razones para ir anticipando un posible escenario en Sinaloa con el paso dominante de la senadora de la República, Imelda Castro. Y ella, que se ha preparado para el proceso de la encuesta que aplique la dirección del partido guinda, ha tomado la delantera en todos los estudios demoscópicos que se publican en los medios de comunicación. En pocas palabras, terminará siendo la coordinadora de la defensa del voto en aquella entidad, sobre todo cuando entendemos a la perfección la lógica de las circunstancias. En esa tesitura, ahora que ha ido alcanzando niveles muy altos de opiniones positivas, se sitúa la legisladora Lorenia Valles, de Sonora. La ventaja que ella trae, desde luego, la coloca en el frente de batalla ahora que ha mantenido ese ritmo con tendencia al alza. Muchos cuadros de aquel territorio, inclusive, están cerrando filas con ella en la antesala de las definiciones que se darán prácticamente en un mes.
Al mismo tiempo que sucede eso, pero en otras regiones del país, podemos ver también el paso contundente de Santiago Nieto en la carrera interna. Él, que ya puso su renuncia sobre la mesa, ha mostrado un músculo categórico en cada uno de sus encuentros con la militancia de Morena, pero también con la población en general, en donde ha demostrado gran arraigo y poder de convocatoria. Habrá que decir que todo eso, ahora que el PAN ha caído en detrimento, abona para que la alternancia sea una realidad tangible. Inclusive, Santiago no ha caído en ninguna provocación ni mucho menos se ha rasgado las vestiduras ahora que el panismo ha decidido montar una guerra sucia en contra de él. Con esa postura y esa hostilidad, queda claro; la única lectura que tenemos es que, en sí, Acción Nacional tiene pavor de que le arrebaten uno de sus principales bastiones. Eso, así parece, será un hecho inexorable.
Chihuahua ofrece, en ese sentido, una escena particularmente reveladora. La presencia de Cruz Pérez en la conversación sucesoria no responde solo a su visibilidad pública reciente ni a su capacidad de convocatoria, sino a la forma en que su nombre ha comenzado a ocupar un lugar estable dentro de la expectativa política del estado. Su eventual separación del cargo de presidente municipal, de concretarse, marcaría el ingreso a una fase distinta de la contienda. A ello se suma una variable nada menor, la discusión en torno a la paridad, que podría inclinar la interpretación final del proceso interno. Más que una suma de circunstancias favorables, lo que parece configurarse en Chihuahua es un momento en el que procedimiento, posicionamiento y contexto convergen sobre una misma figura a favor de la izquierda y de Cruz Pérez.
Sabemos también, por ese cúmulo de encuestas que circula, que Tatiana Clouthier, ahora que está en el mejor momento de lucidez, se afianzó en la primera posición en la carrera interna de Morena. Su postulación, siendo así, luce muy prometedora para doblegar a Movimiento Ciudadano, que ha dejado mucho que desear con una gestión muy desaseada de parte de Samuel García. De hecho, la entidad requiere de una mujer con firmes convicciones como Tatiana. Con ella, evidentemente, el territorio de Nuevo León tendría certidumbre en las políticas públicas, lo mismo que una rendición de cuentas del presupuesto que se maneja. Ese es uno de los motivos principales que ha movido al grueso de la ciudadanía a voltear a la alternancia.
Y si nos detenemos un poco en las encuestas y en la lectura de su información, desde luego, podremos ver cómo Ana Lilia Rivera, senadora de la República, sigue en despegue en las encuestas de opinión en la carrera por la gubernatura de Tlaxcala. Ella, sin ir más lejos, será la candidata de la coalición Seguimos Haciendo Historia en aquel enclave. Las metodologías más recientes, por ejemplo, le dan una ventaja muy cómoda de dos a uno en cualquiera de los escenarios. De ahí que saquemos conclusiones de lo que, a la postre, es muy seguro que sucederá.
Por último, San Luis Potosí introduce, además, una variable que convendría leer con mayor atención: la posibilidad de que Morena y el PVEM no alcancen un acuerdo de unidad. Las señales emitidas desde la dirigencia nacional, sumadas al lugar que distintas encuestas atribuyen a la senadora del PVEM, Ruth González, como la favorita en la carrera por la gubernatura, permiten advertir que la disputa no se resolverá únicamente en el terreno de las afinidades partidistas, sino en el cálculo más fino de cada fuerza. Si algo sugieren los respaldos recientes, los reportes metodológicos y la capacidad de movilización que el PVEM busca capitalizar, es que la contienda potosina podría convertirse en un caso para revalidar el triunfo que, desde ahora, podemos decir que tiene en sus manos el partido del tucán.