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Ciberviolencia y existencia

Ciberviolencia y existencia

Columnas viernes 05 de marzo de 2021 - 03:31

Luis Alberto Monteagudo Ochoa

La tristeza es uno de los tópicos de la filosofía existencial. No es gratuito que una noción que nos confronta con nosotros mismos ante la profunda sensación de vulnerabilidad se experimenta por la amenaza de perder cualquier sostén de seguridad. La destrucción de un mundo, de una noción, de una manera de entenderse con la vida, está más presente cuando somos testigos del esplendor de la violencia.

Cuando Hermann Hesse en su famosa novela Demian expone a un chico como Emile Sinclaire a los distintos avatares del crecimiento se le aparece una entidad que siempre nos resulta enigmática a lo largo de la narración: Demian, otro muchacho que en una dialéctica existencial a ratos trastornada, conmueve a Sinclaire hasta los cimientos, pues la transgresión permanente se vuelve la constante de un muchacho de un sector ilustrado y aristocrático que fractura los valores de su vida. La narrativa hessiana tiene el poder de generar empatía, instándonos a una seria reflexión sobre la angustia de padecer los trastornos de la vida misma.

Es la angustia, la realidad existencial que le genera al hombre la vida misma. El hecho de ser un ente responsable confrontado con la vida, manifiesta la tragedia del vivir en un mundo que se le puede oponer. No es gratuito que esa angustia permanente que expresa Hesse sea también la circunstancia que Heidegger nos menciona frecuentemente, recordándonos la sensación de vivir en un contexto de violencia, en donde el solamente decidir y renunciar a cualquier opción, ya nos significa una derrota en todo lo demás, sin asegurar que la opción elegida sea la más adecuada.
Siendo víctimas de algún delito, la presencia existencial expone una de sus mayores potencias, la sensación de vulnerabilidad es tal, porque ni siquiera la decisión heideggeriana nos está permitida, pues se impone una sanción absoluta a la voluntad que queda a merced del despojo, exponiendo nuestra humanidad no simplemente a los afanes transgresores de Hesse, sino a la tragedia misma de una humanidad confrontada con otra que lastima sin conmiseración alguna. Eso es la violencia.

La violencia despoja de voluntad a una de las partes para acosarla a su antojo, puede expresarse de muchas formas, pues el ataque físico no es la única, hoy en día los delitos cibernéticos son parte de esa violencia que igualmente nos expone a la angustia de vivir donde tan fácilmente se puede ser vulnerable por cuestiones tan desgraciadas como el acoso o la censura. Es urgente que los recursos éticos se activen en cada ciudadano salvaguardando en todo momento el respeto a la intimidad o al trabajo de los otros, y no condenarlo a la vulneración de la que todos, sin saberlo, podríamos ser víctimas de entidades criminales sin saberlo.

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