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Combate a la narrativa oficial mexicana

Combate a la narrativa oficial mexicana

Columnas lunes 11 de mayo de 2020 - 00:49

El énfasis colocado en el estudio de la narrativa tiende a ser subestimado. Empero, dicho elemento analítico y discursivo es un crucial componente de los movimientos no violentos. La narrativa es una de las herramientas persuasivas para acrecentar el número de participantes y simpatía con el movimiento, definir tanto al reclamo como su causante y fungir como vehículo de motivación para concretar una teoría de cambio inminente. 
Cuando una campaña no violenta logra conectar su identidad y sus postulados con valores universales, como pueden ser la justicia y libertad, o a través de un marco estructural como la equidad de género, la posibilidad de sumar filas de participantes aumenta. El percibir que cierta política o que el orden existente es injusto y sobretodo que se puede combatir, es el inicio de la “liberación cognitiva” que se verá reflejada en la narrativa que adopte cada movimiento. 
El arte de contar historias es una herramienta poderosísima. El marco metodológico desarrollado por Marshall Ganz denominado “Narrativa personal: el poder del yo, nosotros y ahora”, conecta el propósito de la causa con la urgencia y la comunidad, provocando un llamando a ejercer liderazgo y tomar acción. Esta alineación de experiencias personales con los intereses de la campaña es un motor emocional que puede potenciar el nivel de compromiso de los participantes y aceptación del riesgo, generar cohesión y fortalecer dicha identidad colectiva. 
El presidente de México conoce bien dicho poder de liberación cognitiva y por ello dedica gran parte de su tiempo a emitir -ante la menor provocación- discursos y frases “pegajosas” para suprimir el disentimiento con su régimen, sobre-simplificar los problemas y disminuir el nivel de debate. El ser protagonista todas las mañanas frente a su público, encuadrar la información que quiere diseminar y culpar a todos los demás (empresarios, medios extranjeros independientes, administraciones pasadas, neoliberalismo) por los errores de su gobierno, parece ser casi una obligación ineludible para los mexicanos.   
Contra ello, podemos efectuar actos ordinarios de resistencia civil como: huelgas, protestas, brazos caídos, slogans, canciones, obras literarias, recurrir a fuentes alternativas de información y diseñar símbolos de resistencia. No obstante, la clave para que lo anterior cobre relevancia radica en que se robustezcan otros dos componentes sustanciales: participación masiva y secuencia estratégica. 
Un primer paso podría ser el consolidar redes de activismo y solidaridad. En el ámbito que nos encontremos, siempre tendremos la oportunidad de conocer simpatizantes con las causas que nos aquejan, y dependerá de nuestra narrativa el invitarlos a actuar hoy. Aquí es importante enfatizar el poder que tienen los maestros y las universidades. La historia nos reitera que los casos en los que se ha logrado materializar una teoría de cambio, la juventud ha jugado un papel transcendental.

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/CR

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