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Frutos de un árbol envenenado

Frutos de un árbol envenenado

Columnas lunes 26 de octubre de 2020 - 00:18


Miriam Heredia

De acuerdo con el “Barómetro Global de la Corrupción 2019” de Transparencia Internacional, 44% de las personas encuestadas consideran que la corrupción aumentó en comparación con el año pasado. De igual forma, el Grupo de Trabajo de la OCDE sobre Corrupción en su informe adoptado en 2018, señala que México tiene la percepción más alta de corrupción de todos los países que conforman dicha organización. Despertemos. Éstos y otros numerosos indicadores y encuestas revelan que debemos mirar con mayor detenimiento a las estructuras que erigen al sistema existente.

Si bien las dirigencias de las instituciones estatales se encuentran depositadas en individuos a través de responsabilidades legalmente establecidas, no son únicamente los comportamientos individuales los que impactan en su campo de incidencia. Los sistemas son soportados por estructuras con vasos conectores y entornos propios. En el sistema de justicia mexicano intervienen numerosos actores en niveles altos, medios y bajos, así como en el ámbito local y federal. Policías, peritos, ministerios públicos, fiscales, jueces, defensores, asesores jurídicos, consejos de la judicatura, etc.

La comisión de los delitos de que se acusa a ex miembros de gabinete presidencial -operaciones con recursos de procedencia ilícita, asociación delictuosa, cohecho, manufactura y distribución de droga-, requiere de estructuras complejas que blinden su actuar y un microcosmos de pactos en todos los niveles. De ello que, lo que hay que combatir no solamente son delitos en lo individual, si no el sistema que perpetua su comisión, y para ello, realizar diagnósticos para comprender su operación se torna vital.

La destrucción de instituciones sin análisis previo y sin mecanismos de rendición de cuentas, ocasionará la reproducción de las mismas estructuras sociales, políticas y económicas que operan bajo la opacidad y que se busca erradicar. No es Lozoya: son los procedimientos y la operación de Pemex. No es el General Cienfuegos: son las estructuras bajo las que operan las fuerzas armadas. Y no solo termina ahí, sino que debe determinarse la interacción e influencia que ejercen en el Poder Judicial de la Federación y la Fiscalía General de la República, entre otros actores.

El enfoque organizacional rara vez se visualiza como uno de los catalizadores en la comisión de delitos en nuestro país, lo cual permite que dicho sistema adquiera vida propia, se perpetúe -sin importar a cuántos ministros de estado se investigue, procese o enjuicie-, y que paulatinamente integre a nuevos adeptos que de otra manera no participarían o se beneficiarían del mismo. El experimento de Stanford (Zimbardo) nos da cuenta de ello.

Bajo esta perspectiva, los procesos penales mediáticos de los últimos meses, no son unas cuantas manzanas podridas, sino frutos regulares de un árbol envenenado que ha estado en pie por décadas, y cuyas siempre semillas encontrarán tierra fértil para germinar.

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/CR

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