La hýbris o desmesura, es la actitud de algunos sujetos por creer en una imaginaria invulnerabilidad que reta directamente la naturaleza humana, que siendo sumamente frágil, claramente resulta ridículo creer que alguien no se encuentra amenazado por lo que todos los seres humanos también, aunque pareciera que no, efectivamente portamos.
La palabra griega hýbris ostenta un contenido teológico, pues no refiere a la desmesura simplemente, sino que evoca la consecuencia implícita: “todo aquel que intenta asemejarse a los dioses en su grandioso poder, sufre el castigo de su osadía”, y esta fatalidad se desata cuando la embriaguez se encuentra en su punto más elevado, cuando el ingenuo ensoberbecido, trastornado por sus múltiples excesos, no cree que el terror bajo el que impunemente impone su égida, desatará la furia terrible, originando el colapso.
Midas pagó su ambición convirtiendo en oro hasta la propia comida que tocaba su cuerpo, o Tántalo, en su inmensa gula, se hundía en el fango cada que quería tocar un delicioso fruto que se le aparecía en medio de su inanición eterna, así Adán Augusto, que, según su nombre, con el primero comparte el pecado original de ser arrojado del paraíso de la impunidad, y con el segundo, sólo el nombre, porque el gran Augusto, sobrino de César, era lo suficientemente noble como para jamás rebajarse a ser comparsa de la escoria de una sociedad donde la suciedad de muchos de sus miembros parece festejar la miseria para obtener riqueza a toda costa, no importando si arrojan a un país entero al desastre, mientras el huachicol, la extorsión y la droga, edifican las gracias de su gloria. Augusto fundó un imperio, y el otro, su imitación vulgar y fea, evidencia una grieta que solamente la hýbris puede explicar con la caída del tétrico senecto.
La Historia fue parte de una educación virtuosa que ha educado príncipes, señalando los costos de la hýbris, pero que el peladillo advenedizo bajo el solio de una democracia degenerada y populista, asesina de la República, ignora con orgullo infame. Hoy tenemos a la más burda; la más ignorante; la más zafia y vil clase política que nuestra tierra no había visto desde los infames momentos del siglo diecinueve, con tanta horda de frustrado vengador haciéndose de grandilocuentes causas, para sacar personal provecho. Para saquear con “legitimidad”, hágase de una causa pública bien vista por la masa desdichada y digan que es para su provecho, se puede robar desde una calle, hasta un país completo, e incluso con el aplauso testimonial de los idealizadores arcángeles de la pureza que, sometidos por el discurso vengador, hasta se suman gustosos a la causa de los más infames, a los que la hýbris, tal parece, jamás olvida de su sagrada memoria.