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Machismos cotidianos

Machismos cotidianos

Columnas martes 18 de agosto de 2020 - 08:49

Diego A. Guerrero García.
En nuestro entorno se ha vuelto común escuchar: “seguro está en sus días”, “los hombres no deben estar en la cocina”, “pareces niña”; expresiones que utilizamos de forma despectiva, a través del lenguaje verbal o no verbal y que representan conductas discriminatorias naturalizadas que atentan contra la autonomía de las mujeres ante una supuesta inferioridad, perpetuando el problema estructural en materia de equidad de género.
Cuando consideramos que esta cuestión involucra a millones de personas en nuestro país, y que la mayoría de éstas sigue normalizando dicho fenómeno en los diferentes ámbitos de la vida diaria, que van desde la educación, los libros, la música, las películas, los programas de televisión, las redes sociales y la propia familia, por mencionar algunos, el panorama del que parten los valores que se inculcan a las niñas y a los niños, se dirige a consolidar los estereotipos actuales.
A partir de la última Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH), realizada en 2016 por el INEGI, fue posible reconocer que 66 de cada 100 mujeres de 15 años y más, residentes en el país, habían experimentado al menos un acto de violencia de cualquier tipo. Asimismo, las agresiones más comunes fueron las de carácter emocional, ya que, el 40.1% había vivido al menos una vez a lo largo de su relación, insultos, amenazas, humillaciones y otras ofensas de tipo psicológico o emocional.

Y si bien existen diversos instrumentos jurídicos como la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia y en el ámbito internacional, la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia Contra la Mujer, entre otros, es claro que existe un profundo arraigo cultural que requiere de prácticas que rompan su cotidianidad en todos los sectores de la población.
Para atender esta situación, quiero resaltar algunas acciones para contribuir en la construcción de una sociedad basada en el respeto poniendo como eje central la dignidad humana. En primer lugar, considero prioritaria la educación de nuestros hijos, misma que inicia desde nuestro comportamiento. Por otro lado, en lo que se refiere al sector público y privado, es necesario crear iniciativas que eliminen las distintas manifestaciones de violencia. De esta manera, el compromiso debe permear en todas las esferas sociales, incluyendo los medios de comunicación, al cuidar su contenido a fin de evitar reproducir estereotipos machistas que promuevan la violencia por razones de género.
El camino es largo, pero estoy seguro de que, si cada uno empieza hacer lo que le corresponde; lograremos transitar, como toda sociedad comprometida con los derechos humanos, hacia un escenario de una verdadera equidad de género.
Finalmente, desde este espacio, deseo reconocer el trabajo que se ha estado realizando en la Facultad de Derecho con el Observatorio Jurídico de Genero que contribuye a visibilizar y atender este problema.

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/CR

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