Una máxima que se ha construido y confirmado durante los últimos 30 años en México es que los mejores laboratorios de innovación electoral y prácticas ciudadanas provienen desde lo local.
Con el nacimiento del otrora Instituto Federal Electoral (IFE) en 1990, comenzó una inercia institucional electoral a nivel estatal. Aunque hubo un primer esfuerzo en 1968 con la fundación del Instituto Electoral del Estado de Sinaloa, fue entre 1992 y 1999 cuando se crearon 25 institutos electorales locales en las distintas entidades federativas, y del 2000 al 2007 se establecieron los siete restantes.
Esta ingeniería institucional electoral en México respondía a dos principios constitucionales: el federalismo y la democracia. En casos como el del Distrito Federal o Zacatecas, se avanzó un paso más, pues la creación de muchos institutos vino acompañada del elemento de la autonomía.
Aunque en la Reforma Electoral de 2014 se modificó la relación institucional entre los ahora denominados Organismos Públicos Locales (OPL) y el entonces nuevo Instituto Nacional Electoral (INE), la función organizativa electoral de estos organismos siguió siendo fundamental. No sólo garantizaron la celebración de elecciones periódicas, libres y auténticas para la conformación de gobiernos estatales, sino que se transformaron en laboratorios de innovación desde los que provienen muchas de las más importantes aportaciones.
La importancia de los OPL en el engranaje democrático mexicano no puede subestimarse. Han sido pilares en la implementación de mecanismos que aseguran una participación más inclusiva y accesible. El voto electrónico, el voto por internet, la mascarilla braille, el sello X, las mamparas de accesibilidad y la ludoteca cívica son ejemplos de cómo estos organismos han promovido, fortalecido y promovido inclusión en la participación ciudadana, adaptándose a las necesidades de una ciudadanía diversa como la mexicana.
Estos avances no solo reflejan una modernización técnica, sino también un compromiso con los valores democráticos de igualdad y accesibilidad. La capacidad de los OPL para innovar y aplicar nuevas tecnologías y métodos participativos es testimonio de su vitalidad y relevancia en el sistema electoral mexicano. Cada una de estas iniciativas ha sido un paso hacia una democracia más inclusiva y efectiva. Entonces, donde la democracia se ejerce en la cotidianidad, es ahí donde debemos robustecer nuestros esfuerzos. Los OPL no sólo han demostrado ser instituciones eficaces para la organización electoral, sino que también han sido fundamentales en la evolución de la cultura democrática en México. Fortalecer a los OPL significa fortalecer nuestra democracia en su esencia, asegurando que ésta se mantenga como un proceso dinámico, inclusivo en todos los niveles, y accesible para todas y todos.
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