La participación ciudadana sólo puede ser un desperdicio para los enemigos de la democracia. Cuando la profundización de la vida política del país estorba a un grupo de personas, es porque éstas no son partidarias de un paso adelante en la participación ciudadana.
La oposición se muestra renuente ante una práctica que tienen que ver con todos y cada uno de los integrantes de la sociedad mexicana, incluyendo los que viven en otros países, no contribuye a fortalecer la voluntad popular.
Podre quitarle el mandato a alguien que no cumple las expectativas de un cargo de elección popular pareciera convertirse en un problema para la oposición, pareciera que es parte del poder y no su contrapeso. Sistemáticamente la oposición cuestiona toda decisión de gobierno, pide renuncias, elabora amparos, solicita comparecencias como en un tribunal de la inquisición intentan convertirse en jueces y dejan de ser legisladores, pero a la hora de poder arrancar de tajo todo lo que no le gusta, que en realidad es todo, tratan de anular los medios a través de los cuales se suspenda el mandato.
La consulta para la revocación de mandato para algunos es un ejercicio innecesario y un gasto injustificado. La democracia en México ha sido relegada de la política, sobre todo cuando la voluntad de unos pocos o de una sola persona impera sobre el destino de un país que se autodenomina democrático. Los argumentos surgen de una postura que no tiene sustento, como los que aseguran que ese dinero debería ocuparse en comprar vacunas o mejorar el sistema de salud, cuando los recursos para adquirir vacunas siempre fueron suficientes, si hubo alguna escasez se debió al ritmo de producción y no a la falta de liquidez del gobierno mexicano.
Resulta que ahora la precaución de la oposición por al salude se ha convertido en una obsesión que inquieta la memoria de la sociedad, porque quienes ahora protestan por la falta de hospitales y servicios médicos fueron los que callaron cuando sólo se inauguraba la fachada de hospitales durante los sexenios de Felipe Calderón y Peña Nieto.
Este tipo de situaciones se convierte en un motivo más para que haya muestras de que la sociedad quiere regresar a ese pasado y si es su decisión es una prueba del fortalecimiento de la democracia aunque implique un retroceso político.
La revocación de mandato es una búsqueda de mayores equilibrios en las decisiones, de todo tipo, y el fin de las decisiones tomadas por un solo hombre o mujer que se encuentre en el poder, en cualquiera de sus niveles; sin embargo, la oposición insiste en interpretar la profundización de la democracia como una bandera no sólo de izquierda sino comunista que busca una equidad en ámbitos que no existen en nuestras leyes.