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Una poética del desastre

Una poética del desastre

Columnas lunes 19 de agosto de 2019 - 01:37


Tiene algo de ridículo no ser mujer y escribir sobre los motivos de las luchas feministas para sacudir a la sociedad, que co su silencio encubre y avala la violencia machista. “Nadie puede sentir las experiencias ajenas con la suficiente convicción como para querer transformarlas”, nos recuerda Ticio Escobar. A mi favor, diré que soy hijo de una mujer soltera y básicamente mi estructura familiar está compuesta por mujeres.

Hace poco mi hermana más joven tuvo que mudarse de casa. Por trabajo llegaba pasada la media noche. Y ya no pudimos aguantar la angustia diaria que eso significa. Siempre pendientes al teléfono, desde la parada de transporte, contando el tiempo de recorrido que tardaba en llegar. Cualquier retraso anormal o falta de comunicación, era perturbador. Por eso siento que en muchos casos el pánico y la rabia llegan a ser colectivos.

Hay molestia e indignación por las pintas y el “destrozo” que el pasado viernes mujeres causaron a monumentos de la patria en la marcha #NoNosCuidanNosViolan. Pero, “la patria mata”, dice una de las pintas dejadas en el ángel. Los noticieros se refieren a la protesta enfatizando los saldos y daños causados a la ciudad, “que no tiene nada que ver”.

Tienen razón en subrayar que hay ira y locura. Porque de nada ha servido, hasta ahora, la razón ni la exigencia pacífica.Tampoco la súplica de las madres a las instituciones para frenar esta crisis en guerra con el cuerpo y la vida de las mujeres.

La obra de arte de vanguardia no se crea para ser contemplada. Su función no es hacer un objeto bello.

Nace para producir un impacto en la vida y ponerse en práctica como herramienta para desarmar ese régimen al que la costumbre llama realidad. Si la sociedad no se levanta por sus muertas, es porque vivimos en medio de una gran tolerancia al dolor y el maltrato.

La naturaleza del arte feminista es y será combativa. Surge para enfrentar el mundo representado y organizado desde el punto de vista de los hombres. El arte feminista no quiere satisfacer las exigencias del público. Quiere transformar la mentalidad patriarcal de la sociedad. Pero eso no se logra pidiéndolo “por favor”.

Ya no solo se trata de denunciar el trabajo no remunerado que hacen las mujeres en el hogar, sino de unirse y autodefenderse para salvar la vida: “Qué ganas de ser pared, para que te indignes cuando me tocan sin permiso”. Dice otra pinta. Y es que la normalización con que se está viviendo el auge del feminicidio, la desaparición y violación de mujeres ha llegado a un límite tal, que parece una ofensiva abierta por nuestra perversa cultura machista a la que ya no le pesa matar, herir, desangrar.

Hay una poética detrás de todo este desastre. Ya no es la incomodidad que nace de una obra de arte crítica: es la resonancia de las víctimas gritando nunca más. “Vivir es arte”. Se leía en otra pinta.

Antropólogo y maestrante en Ciencias Sociales.
Analista del arte contemporáneo, la cultura popular y
las culturas contrahegemónicas en América Latina.
@ecoamarillo

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/CR

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