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Del Comunismo al Capitalismo: China de la Mano del Partido Comunista

Del Comunismo al Capitalismo: China de la Mano del Partido Comunista

Columnas martes 17 de septiembre de 2019 - 16:50

El próximo primero de octubre, se cumplirán 70 años del establecimiento de la República Popular China. Así, el Partido Comunista Chino (PCCh) cumplirá 70 años de estar al frente del gobierno del país asiático y formará parte de la lista de los partidos políticos que han liderado un Estado por más tiempo continuo, lista que el PRI mexicano y el Partido de los Trabajadores de Corea del Norte encabezan. Cada uno de estos partidos tiene y tuvo técnicas diferentes para mantenerse en el poder, desde estrategias propagandísticas hasta prácticas políticas clientelares.

Sin embargo, en esta ocasión quiero destacar el papel de la creación de narrativas nacionales por parte del PCCh para su permanencia en el poder y su impacto en la movilización de una población de más de mil trescientos noventa y cinco millones (once veces la población de México) en la misma dirección.

A través de los 70 años en los que el PCCh ha gobernado, las ideas y políticas bajo las que distintos mandatarios han gobernado al gigante asiático han sido diferentes, incluso contradictorias lo que hace interesante comprender las dinámicas del partido para adaptarse a las contingencias domésticas e internacionales y haber logrado en 70 años una mejora significativa en todos los indicadores de desarrollo humano.

Después de la derrota del Kuomintang por las fuerzas guerrilleras lideradas ideológicamente por Mao Zedong, la República Popular China fue oficialmente establecida en 1949 y el Partido Comunista Chino quedó al frente del gobierno con Mao como su líder y por tanto líder de la China entonces comunista. Durante el tiempo en que gobernó Mao Zedong, el pensamiento Marxista-Leninista regía todos los aspectos de las vidas pública y privada al interior del país.

La lucha de clases era el móvil político y el argumento bajo el que cualquier indicio de desarrollo de una burguesía era erradicado, incluso por medios violentos que llegaban hasta la muerte. Durante su época, la movilización social era promovida bajo ideas comunistas, no sólo por el Partido sino por todas las esferas sociales: familia, amigos, escuelas y comunas. La narrativa comunista era un código de comportamiento moral y ético reforzado con prácticas comunistas en la vida diaria.


La censura y control sobre medios masivos y propaganda llegaba a grado tal en que aquellos posters propagandísticos donde Mao aparecía al lado de alguien que se pudiera considerar contra revolucionario o burgués, eran corregidas y esos personajes eliminados. (Nombre de la imagen: Founding Ceremony, versiones sin censura y censurada, originales disponibles en el museo de Propaganda de Shanghái)

La China que dejó Mao después de su muerte en 1976 era turbulenta, llena de descontento social tras una hambruna provocada por datos falsos sobre la producción agrícola e industrial y para 1978, los sucesores de Mao decidieron implementar reformas de apertura económica para reparar la situación económica y alimentaria del país. Deng Xiaoping buscaba reformar el mercado en China y abrirse al exterior, eso implicaba contradecir principios ideológicos de la época maoísta, simpatizando con el capitalismo y valores occidentales.

Para 1978 coexistían dos generaciones: una que vivió el comunismo de Mao y que despreciaba las ideas de la reforma de apretura, y otra que recibía con brazos abiertos las ideas de reforma de Deng Xiaoping. Fijar nuevas metas de desarrollo, basadas en principios de mercado capitalista, cuando la psique de la población China había sido adoctrinada con ideas comunistas, requirió del uso de la fuerza del Estado en situaciones como las protestas de Tiananmen en 1989. Si bien durante esta época las reformas económicas impactaron favorablemente a China en su crecimiento económico, los resentimientos sociales enraizados en dos ideologías diferentes no habían cesado.

Así, Hu Jintao, líder del PCCh de 2002 a 2012 cambió de nuevo la narrativa nacional, creando el discurso de “construir una China armoniosa” que permitiera la convergencia de las expectativas políticas y económicas de dos generaciones y clases sociales, una más y otra menos favorecida por las reformas de apertura económica.

La narrativa funcionó para el partido, pues la meta para la población en general se convirtió en crear una sociedad armoniosa. Basada en nuevos valores socialistas, buscando concientizar sobre el pasado violento de guerra civil, hambruna, pobreza, e intervenciones internacionales, se logró dotar a millones de habitantes con una identidad nacional bajo el concepto de “socialismo con características chinas”. Este concepto incluye una mezcla de Marxismo-Leninismo, Pensamiento de Mao Zedong, Postulados de Deng Xiaoping, Postulados de Hu Jintao y hasta Pensamiento del actual secretario del PCCh Xi Jinping.

Así el pensamiento socialista con características chinas es hoy el pilar del pensamiento del partido comunista y la identidad política de millones de chinos. Aunque hay que reconocer la grandeza política de hombres que han tomado de sus predecesores lo mejor de sus administraciones e ideas hoy, el concepto de “Socialismo con Características Chinas” carece de significado real. Socialismo no significa socialismo, pues dentro de las ‘características chinas’ ideas capitalistas que distan de principios socialistas se encuentran revueltas.

Esta falta de significado genuino dentro de conceptos propios de teorías socialistas y comunistas no ha afectado aún al partido, de hecho, ha beneficiado en tanto la ambigüedad de sus interpretaciones reducen su complejidad a la meta común de la población China de “lograr una China próspera” misma que es plausible en la calidad de vida de una gran mayoría de chinos. Sin embargo, la dependencia del partido comunista en su legitimidad basada en el desempeño económico de China es insostenible eternamente y eventualmente, conceptos como “socialismo” y sus implicaciones teóricas serán cuestionadas por la población.

El Estado chino ha sido capaz de construir narrativas nacionales independientemente de las ambiciones de cada líder, en la narrativa pública, los líderes aprecian los avances y aciertos de sus predecesores, sin importar que los principios que guiasen sus respectivas políticas fueran opuestos, poniendo siempre como objetivo el bienestar social adquirido en algo así como un Pacto por China, a través de diferentes medios; fueran estos la lucha de clases, la erradicación de la burguesía, la apertura de mercado, o la necesidad de eliminar resentimientos sociales en beneficio del progreso de China.

Leyenda de la imagen: El Partido está orientado hacia la gente y sirve al interés del pueblo. En la imagen: Mao Zedong, Deng Xiaoping, Jiang Zemin, Hu Jintao y Xi Jinping,

Aunque exitoso el PCCh en dotar de identidad a su población y de legitimidad a su partido, hoy, el no tan acelerado crecimiento económico de China y el aumento del costo de vida en el país ponen en peligro esa legitimidad.

Los cambios de retórica del gobierno chino son un fenómeno único que acepta el cambio y lo adapta en su favor. Es un ejemplo de cómo el conflicto político e ideológico no necesariamente frenan a un gobierno con voluntad política de servir a su sociedad. Sin embargo, ante las condiciones actuales de China, ¿Podrá el PCCh adaptar su retórica a un nuevo período quizá no tan próspero en la historia de China?

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/CR

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