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Disuasión

Disuasión

Columnas jueves 06 de octubre de 2022 -

Mi propia generación, la que tiene entre 35 y 45 años, no tenía mucha conciencia del miedo a la guerra atómica, que fue una espada de Damocles global en el mundo bipolar construido a partir del fin de la Segunda Guerra Mundial y hasta 1991, con la disolución de la antigua Unión Soviética y el destierro del modelo socialista como alternativa política verosímil. Pero los jóvenes que hoy tienen 20 o 25 años, ni siquiera están familiarizados con la retórica bélica, y mucho menos con la retórica nuclear. Les está tocando vivir el renacimiento de sucesos que se creían extintos; uno de ellos es la guerra por anexión de territorio.

Ya nadie más que la propaganda rusa y algunos lunáticos de twitter sostienen que estos 200 y tantos días de guerra eran “parte del plan” de Putin, ni de nadie; pero en este proceso típico de escalada irracional de los autócratas luego de un mal cálculo, la amenaza de una nueva crisis como la de los misiles cubanos, o de una nueva guerra fría, ha vuelto al espacio público. Una parte de esto es deliberada, porque el propio presidente ruso ha dicho, en sus inflamatorios discursos, que la gente (así, el pueblo, the people, y que cada quién lo conciba como quiera) ya se dio cuenta de que es mejor un mundo “multipolar”, y uno de los polos debe ser Rusia, se entiende.

Pero aterrizando la mitología política o los delirios que añoran un pasado reescrito, no estamos en el mundo, hasta hoy, en un parteagüas histórico, sino en un paréntesis populista como ha habido otros. Y concretamente, los rusos tienen en este momento un problema en su retórica nuclear, en la arista propiamente táctica. No escribiré el largo discurso sobre las paradojas de las amenazas nucleares y la mutua aniquilación asegurada.

De hecho, en esta ocasión basta recordar lo que le pasó a los norteamericanos durante la guerra de Corea, donde comenzaron a barajar las posibilidades de usar una bomba atómica, como se había hecho en la guerra mundial, para darle la vuelta al marcador por los reveses que estaban sufriendo los coreanos del sur y norteamericanos en el campo de batalla (y que siguieron sufriendo).
En ese momento, implica que la amenaza era creíble, porque EU tenía, monopolio de la capacidad nuclear.

La URSS no había desarrollado su primer prototipo ni realizado su primera demostración todavía, así que la represalia nuclear tampoco era una posibilidad. Pero lo que el mundo aprendió en ese incidente, fue que las armas nucleares eliminan, por regla general, no sólo al enemigo sino al objeto del conflicto, sea un territorio, una vía de comunicación, recursos naturales del subsuelo donde se aviente la bomba, o lo que sea. Así que ni en ese conflicto, ni en ningún otro, han vuelto a utilizarse. Al eliminar el beneficio potencial de la conquista, el uso de las armas nucleares se volvió ineficiente salvo para la disuasión. Es la doctrina de la mutua aniquilación asegurada que enmarcó la segunda mitad del siglo XX. Aplicado al caso de Rusia y Ucrania, Putin dice que defenderá las nuevas fronteras de Rusia “con todas sus fuerzas y recursos”.

Aunque no dice que con armas nucleares, así lo entiende occidente. Pero la zona de conflicto se libra, precisamente, en territorio disputado, por lo que lanzar una bomba nuclear en las regiones anexadas equivaldría a detonarla en territorio supuestamente ruso (lo que es ridículo) matando civiles que ahora son rusos.

Por si fuera poco, inutilizaría el territorio cuyo valor estratégico, se supone, es el de sus recursos de subsuelo y cultivos. Dejan de ser regiones estratégicas, entonces, y se vuelven tierra baldía por décadas. Si Putin lanzara una bomba nuclear en Kyev, por otra parte, estaría también destruyendo lo que él considera territorio legítimo de Rusia, porque según él los eslavos son todos rusos y las independencias luego de 1991 fueron un malentendido. Además, si lanza una bomba en zona neutra, está abriendo la puerta para que se lance una contra cualquier parte o rusa o protegida por Rusia. Y de nuevo, se elimina cualquier beneficio potencial de una victoria militar o de un avance militar a secas. Quizás por eso salió el Kremlin a decir que “no entrará en la retórica nuclear de Occidente”.

Esperemos que la racionalidad prevalezca, si no en el discurso (imposible en esta época), sí en los hechos.


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