Una bella residencia estilo francés, esquina con el insigne Paseo de Bucareli y en contra esquina del Palacio de Cobián, actual sede de la Secretaría de Gobernación. Cualquier persona pensaría que los habitantes del lugar referido, pertenecen a lo más granado de la sociedad mexicana, porque al habitar semejante espacio, el mantenimiento, de suyo, implica una gran fortuna, y aquí viene la respuesta: estarían en un error, pues el conjunto de familias indígenas que “la habitan”, la adquirieron por medios “extraños”.
En la espléndida colonia Juárez podemos atestiguar invasiones de ese tipo. La otrora joya de la corona inmobiliaria de fines del siglo XIX no ha dejado de sufrir invasión tras invasión de grupos que se posesionan de las casas, con la anuencia -o contubernio- de algunos miembros del gobierno que premian las lealtades de sus hordas, mediante el robo descarado. Los capitalinos observan el despojo con una rara e hipócrita actitud, pues mientras muchos se asustan de la “gentrificación”, el despojo que por décadas ha sufrido la bella capital, generando la destrucción de sus espacios urbanos, parece no conflictuarlos.
Recordemos la hermosa residencia Waters/Díez-Barroso, con su monumental acceso por la calle de Roma, esa que fue asaltada por otro grupo indígena durante décadas, donde varios de aquellos se reprodujeron, y cuando comenzaron a disputarse “la propiedad” de su robo, se comenzaron a matar entre ellos, hasta que las autoridades final -y extrañamente- intervinieron para desalojar a esa “pobre gente” que ostentaba una joya histórica que dejaron en ruinas. Ese grupo de maleantes, exigiendo su “derecho a la vivienda” -porque ese es “su derecho sin obligación alguna”-, habitó sobre la calle de Roma por un par de años, en un campamento improvisado, al que por un tiempo se les unirían migrantes haitianos que se habían asentado en la vecina Plaza Giordano Bruno.
Una historia de invasión, saqueo, pauperización del espacio y victimización de delincuentes maquillados de necesitados, es una historia miserable de hipocresía. Cuando hoy vemos marchas violentadas por víctimas de un desplazamiento que ciertamente debe de atenderse, es curiosa la mediatización que se hace de la gentrificación, pero jamás han hecho nada parecido con la pauperización -opuesto al primer concepto-. Por pauperización entendemos: ocupación, a través del despojo, de bienes públicos o privados, por grupos organizados que anteponiendo condición social; origen étnico; nivel educativo o todos ellos juntos, se adueñan de lugares que inmediatamente destrozan el entorno, obligando a los vecinos a huir del sitio para protegerse, de lo que por décadas nuestros irresponsables gobiernos no han hecho. Es una realidad que la gentrificación, independientemente del embellecimiento que sí han generado, no puede hacerse a costa de un desplazamiento de la población local, pero tampoco permitir que espacios privados, sean robados por delincuentes idealizados.