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Columnas
Desde hace 25 años las guías de Calidad de Aire de la Organización Mundial de la Salud, nos alertan sobre 52 sustancias y compuestos químicos que se generan en todas las actividades del ser humano. 16 de ellas están en el listado desustancias carcinogénicas y 36 en el listado del listado de sustancias no carcinogénicas, pero también tóxicas. Estas sustancias tóxicas las respiramos más de 6,000 mil de millones de seres humanos a nivel global y cuando menos 100 millones de mexicanos diariamente.
Debemos saber que las partículas (material particulado, que identificamos como PM2.5 y PM10, que significan partículas de 2,5 micras o micrómetros de diámetro y las PM10 que miden 10 micras o micrómetros de diámetro, como la molécula de ozono) son probablemente los contaminantes atmosféricos más peligrosos para nuestra salud, debido a que penetran en nuestros pulmones y las PM2.5 atraviesan los tejidos de las neumocitas (células de la paredes pulmonares) y llegan junto con el oxígeno al torrente sanguíneo y entonces llegan a todas las células de nuestro cuerpo dañándonos gravemente.
A pesar de esta fatal y peligrosa consideración, los irresponsables gobiernos de nuestro país (en una actitud criminal) realizan el monitoreo de partículas con equipos de medición obsoletos y con pésimo mantenimiento. Esto genera datos poco confiables que no reflejan las condiciones reales de los niveles de contaminación. Debido a la falta de instrumentos modernos que proporcionen información en tiempo real, provoca pérdida de registros de altas concentraciones de partículas en períodos cortos. En su lugar, (indebidamente) los equipos de medición actuales reportan solo promedios de 1, 4, 8 y hasta de 24 horas, ocultando picos de concentraciones de partículas que ocurren durante el día. Eso sin contar que las normas oficiales mexicanas vigentes en nuestro país para partículas, permiten concentraciones anuales de 12 microgramos/m3 para PM2.5 y 40 microgramos/m3 para PM10, que son niveles muy por encima de las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud, que establece 5 microgramos/m3 y 15 microgramos/m3, respectivamente.
Si queremos reducir las 69,000 muertes prematuras anuales de mexicanos por la contaminación atmosférica, debemos implementar sistemas eficientes de monitoreo modernos que permitan conocer en tiempo real los niveles de partículas. Establecer límites máximos, de 8 microgramos/m3 para PM2.5 y de 25 microgramos/m3 para PM10 en una primera etapa de 5 años y posteriormente ajustarlos a 5 y 15 microgramos/m3.
*Carlos Alvarez Flores, Presidente de México, Comunicación y Ambiente, A.C.
Experto en Gestión de Residuos y Cambio Climático
www.carlosalvarezflores.com y Twitter @calvarezflores