“Tiene mucho que aprender”, dijo la presidenta Claudia Sheinbaum cuando le preguntaron por los comentarios de Javier “Chicharito” Hernández en sus videos más recientes. Luego soltó otra frase que se fue directo al ángulo, sin portero que la atajara: “tiene ideas muy machistas”.
No era solo una respuesta a un futbolista famoso. Era una gran atajada. Porque cuando alguien con millones de seguidores habla, no solo da su opinión: pone en circulación ideas que muchos repiten sin pensar. Y aunque México ha cambiado, todavía hay discursos que suenan como si viviéramos en otro siglo.
En ese video viral que encendió el debate (y motivó cientos de memes), Chicharito pedía a las mujeres que se dejaran liderar por un hombre “que solo quiere verlas felices”. Hablaba de reconectarse con su “energía femenina”, entendida como cuidar, nutrir, limpiar, sostener el hogar… porque, según él, ese es el lugar más preciado para los hombres. Todo dicho con voz suave, como si fuera un consejo sabio.
El problema no es su opinión ni su derecho a expresarse. El problema es que ese mensaje, envuelto en buenas intenciones, vuelve a colocar a las mujeres en el lugar de cuidar, servir, callar y agradecer.
Y no está solo. También están los chicharitos de la política, hay quienes se sueltan diciendo lo que piensan sin filtro. Y para muestra algunos botones.
Este lunes, en el Encuentro Nacional de Mujeres Sindicalistas, el diputado Pedro Haces tomó el micrófono y soltó, sin pena: “Como que los apantalló tanto viejerío”. Lo dijo en un evento convocado —paradójicamente— para reconocer a las mujeres trabajadoras.
El fin de semana anterior, el diputado Sergio Polanco participaba en una reunión sobre violencia de género. Su aporte fue esta joya: “Por algo las han de agredir, a lo mejor son medio gritonas”. Lo dijo como quien platica en la sobremesa con sus compas.
Y cómo olvidar algunas otras frases célebres. Vicente Fox habló alguna vez de “lavadoras metálicas, no de dos patas”. Ya en su faceta de expresidente, se refirió a Mariana Rodríguez como “dama de compañía”, borrando de paso su trabajo como empresaria e influencer. El esposo de ella, el gobernador Samuel García, tampoco se quedó atrás: en plena transmisión en vivo le dijo “Súbete la cámara, estás enseñando mucha pierna. Me casé contigo pa’ mí, no pa’ que andes enseñando”.
Peña Nieto, en campaña, dijo que no sabía el precio de la tortilla porque “no era la señora de la casa”. Kiko Vega, entonces gobernador de Baja California, felicitó a las mujeres con un todas están rebuenas para cuidar niños y atender la casa.
¿Frases chuscas u ocurrencias? Puede ser. Pero lo importante es ver a quién se dirigen. Porque mientras algunos siguen hablando como si estuvieran en una reunión de compadres, las mujeres encabezan la presidencia de este país, gobiernos, universidades y congresos. Y también están en hospitales, mercados, fábricas, escuelas, transporte y hogares. Por esto muchos de los anteriores comentarios están desconectados del México actual.
Tener un cargo público o una voz visible implica entender que las palabras importan. No es censura. Lo que se dice frente a un micrófono o en redes sociales tiene impacto. Y cuando se habla de mujeres, hay que hablar con cuidado y respeto porque el discurso deja huella.
Hoy no hay una estrategia clara para evitar que estos discursos sigan reproduciéndose, pero hay una oportunidad. La Secretaría de las Mujeres —creada en 2024— puede tomar la delantera y diseñar un programa serio de formación para quienes legislan, gobiernan o representan. No para regañar, sino para construir otra forma de expresarse con equidad de género.
Por Ivonne Arriaga García
Comunicación política con enfoque en narrativa institucional y estrategia gubernamental.