Donald Trump volvió a colocar a México en el centro de su retórica de seguridad nacional. Ante la Asamblea General de Naciones Unidas, afirmó que México es “el epicentro” de la violencia de los cárteles en América Latina, que el gobierno mexicano ha permitido que esas organizaciones controlen gran parte del territorio y advirtió que, si México no actúa, Estados Unidos tendrá que hacerlo.
Una vez más la amenaza, deliberadamente ambigua, quizá lo más preocupante de todo, porque cuando una potencia militar anuncia que “se verá obligada” a intervenir, pero evita explicar cómo, el vacío de información se convierte en una herramienta de presiónpermanente como ha sido desde la llegada de Trump, al poder en Estados Unidos.
La Casa Blanca ha construido desde enero una narrativa consistente. Trump ordenó designar a determinadas organizaciones criminales como organizaciones terroristas extranjeras. Acusó a México de no hacer lo suficiente para contener a los grupos criminalesy denunció una supuesta alianza intolerable entre organizaciones delictivas y autoridades mexicanas.
Trump puede llamar a los cárteles “el ISIS del hemisferio occidental”. Puede insistir en sus propios éxitos “sin precedente”. Pero los problemas de seguridad no desaparecen porque un presidente los describa con frases contundentes.
Sin duda, México tiene un problema gravísimo de violencia, corrupción, impunidad y penetración territorial del crimen organizado. Negarlo sería absurdo. En 2021, el entonces jefe del Comando Norte de Estados Unidos, el general Glen VanHerck, declaró que entre el 30 y el 35% del territorio mexicano estaba bajo el control de organizaciones criminales.
También, el exembajador de EE.UU. en México, Christopher Landau, afirmó que el crimen organizado opera como un gobierno paralelo en varias zonas del país donde la vida parece normal, pero los grupos delictivos tienen el poder real. Ni cómo negarlo, basta mirar lo que padece Sinaloa desde hace 2 años y la crisis permanente en Guerrero donde los delincuentes tienen una base social importante, como lo reconoció la presidentaSheinbaum.
Hay regiones donde las organizaciones criminales ejercen una influencia brutal; hay comunidades sometidas a extorsión, desplazamiento y amenazas; hay autoridades locales infiltradas o asesinadas. El Estado mexicano ha dejado de existir la población está bajo control criminal.
Sin embargo, Estados Unidos, no puede tirar la piedra y esconder la mano. Las drogas que generan enormes mercados en Estados Unidos no aparecen mágicamente al otro lado de la frontera. Ahí también hay cárteles que atienden la demanda estadounidense, gigantesca, flujos financieros transnacionales y tráfico de armas hacia México.
Así las cosas, si Washington exige que México “retome el control” de su territorio, México tiene todo el derecho de exigir que Estados Unidos controle el flujo de armas y el dinero que alimenta a las organizaciones criminales. La cooperación no puede convertirse en una relación en la que un país dicta obligaciones y el otro simplemente obedece.
@guillegomora