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La realidad incómoda: no es lo mismo ser oposición que ejercer el poder

La realidad incómoda: no es lo mismo ser oposición que ejercer el poder

Columnas jueves 20 de agosto de 2026 -




En el México actual, la diplomacia parece tener una regla distinta dependiendo de quién sea el agraviado. Durante meses por no decir años, si un ciudadano común y corriente, por no decir el de “a pie”, tenía algún problema con la oficina de asuntos consulares de Estados Unidos, seguramente se le indicaría acudir a los canales correspondientes a presentar una queja y esperar una respuesta institucional; pero cuando el ciudadano en cuestión no es precisamente un ciudadano cualquiera sino el vástago del fundador del movimiento que gobierna el País, y además siente que tiene el suficiente peso político para increpar al mandatario del país vecino; los criterios adquieren una dimensión diferente: de pronto, desde el poder, se habla de la soberanía, de injerencia externa y defensa política, sin realmente meditar 5 segundos lo hechos.

Siendo aquí conveniente detenerse y hacer una pregunta incómoda e insolente: ¿Quién gobierna realmente en México, las instituciones o los apellidos?

Porque si la cancelación de una visa en particular, genera una reacción política tan escandalosa del Gobierno mexicano; antes de que se conozcan públicamente las razones de la decisión; el problema deja de ser únicamente diplomático, se convierte en un asunto de principios. Que no se olvide que durante los últimos meses se han revocado o cancelado más de 50 visas.

Me pregunto retóricamente, ya que sé la respuesta ¿Dónde queda aquella exigencia de respetar las instituciones, seguir los procedimientos y presentar pruebas antes de emitir condenas, esas mismas que tanto consignaban previo a su llegada al poder?

Durante años se nos explicó que el problema de México era precisamente confundir al Estado con el partido, el Gobierno con el movimiento y el poder público con los intereses particulares. Al parecer aquella advertencia tenía letras pequeñas: Sólo aplica mientras gobiernan los otros.

La pregunta resulta todavía más impertinente para quienes hoy ostentan el poder; si hacemos un ejercicio hipotético: ¿Qué habría ocurrido si el involucrado fuera hijo de un expresidente, uno de los que durante años han sido presentados como la encarnación de todos los males de nuestra nación? Seguramente no habríamosescuchado el mismo discurso de defensa y mucho menos a la Presidencia denunciando una posible injerencia. Seguramente estaríamos ante una lluvia de críticas contra el personaje por pretender utilizar su apellido y su supuesta herencia política para convertir un problema personal en un asunto de trascendencia nacional.

Ahí aparece lo verdaderamente gracioso de la realidad vista desde el poder, por no decir la contradicción, que ya es cotidiana. Lo que durante años fue reclamado por los insignes fundadores de la 4T a los gobiernos anteriores; en cuanto al uso patrimonial del poder, el favoritismo, la confusión entre partido, familia y Estado;no puede dejar de ser cuestionable simplemente porque ahora el apellido pertenece al movimiento. ¿O acaso ya se está institucionalizando el nepotismo como principio de gobierno?

La diplomacia, por su naturaleza, requiere cabeza fría y lenguaje claro. Un gobierno serio podría solicitar a Washington que se aclaren los motivos de una decisión, exigir información y defender los derechos de los ciudadanos mexicanos sin convertir de forma automática el caso en una batalla política. Porque entendamos algo con absoluta claridad: una cosa es proteger a un mexicano y otro muy distinta es poner a trabajar la maquinaria del Estado al servicio de una familia política por la imprudencia condenable de uno de sus miembros.

Y quizás ahí está el verdadero meollo del asunto: ¿estamos frente a un gobierno que defiende instituciones, o frente a un movimiento que todavía no termina de distinguirse del Estado?

Porque si para defender a un ciudadano hace falta movilizar el discurso de la soberanía nacional, el problema no se queda en la visa, sino está en quién creemos que tiene el derecho de usar el Estado como escudo para proteger a lossuyos.

Ahora es la visa, pero antes fueron las pruebas para los involucrados en el caso de Sinaloa. Y ahí radica el verdadero problema: el movimiento que llegó al poder,parece no haber entendido que ahora gobierna. Continúa comportándose como un grupo faccioso que vela por sus intereses, como si siguiera en campaña permanente y no tuviera ante sí la responsabilidad de gobernar para una nación entera. Al parecer, ya hemos normalizado que el poder se ejerza igual que antes,solo que ahora con mucho menos diplomacia, menos prudencia y bastante más torpeza.

Así que, a disfrutar lo votado. Mientras no entendamos que el poder también necesita contrapesos, seguiremos descubriendo que cambiar de gobernantes no necesariamente significa cambiar las viejas formas de ejercerlo.

Javier Agustín Contreras Rosales. Colaborador de Integridad Ciudadana AC, Contador Público, Especialista en Instituciones Administrativas de Finanzas Publicas, Maestro en Administración Pública @JavierAgustinCo @Integridad_AC




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