El dolor de espalda es uno de los motivos de consulta más frecuentes en la práctica médica. La mayoría de las veces está relacionado con desgaste, esfuerzo físico, alteraciones musculares o enfermedades degenerativas de la columna. Sin embargo, existen ocasiones en las que ese dolor aparentemente cotidiano es la primera manifestación de una enfermedad mucho más compleja.
Una de ellas es el mieloma múltiple.
El mieloma múltiple es un cáncer que se origina en las células plasmáticas, células del sistema inmunológico que normalmente participan en la producción de anticuerpos. Cuando estas células se vuelven malignas, se multiplican dentro de la médula ósea y pueden alterar no solamente la producción normal de células sanguíneas, sino también la estructura misma de los huesos.
Y es precisamente ahí donde la columna vertebral adquiere especial importancia.
Una proporción considerable de los pacientes con mieloma desarrolla enfermedad ósea. Pueden aparecer lesiones que debilitan progresivamente las vértebras hasta producir fracturas por compresión, deformidad y dolor. La columna, junto con la pelvis, las costillas y el cráneo, se encuentra entre los sitios que con mayor frecuencia pueden resultar afectados. (International Myeloma Foundation)
Por eso debemos abandonar una idea peligrosa: no todo dolor de espalda es simplemente “la edad” o “el desgaste”.
Un dolor persistente, particularmente cuando aparece sin una explicación clara, aumenta progresivamente, se presenta durante el reposo o por la noche, o se acompaña de debilidad, pérdida de peso, anemia, alteraciones renales u otros síntomas generales, merece una evaluación médica adecuada.
Desde la neurocirugía existe además una complicación que no admite demora: la compresión de la médula espinal o de las estructuras nerviosas.
Una vértebra debilitada puede fracturarse y colapsar; una lesión asociada al mieloma también puede extenderse hacia el canal vertebral. Cuando esto sucede pueden aparecer dolor intenso, pérdida de sensibilidad, debilidad en las piernas, dificultad para caminar e incluso alteraciones para controlar la vejiga o el intestino. Ante estos síntomas hablamos de una urgencia que requiere valoración inmediata. (International Myeloma Foundation)
La buena noticia es que hoy contamos con mejores herramientas para diagnosticar y tratar esta enfermedad.
Los estudios de laboratorio y de imagen permiten identificar el mieloma y conocer su extensión. En el caso particular de la columna, la resonancia magnética tiene un papel fundamental para valorar la infiltración de la médula ósea y, especialmente, para determinar si existe compromiso de las estructuras neurológicas. (International Myeloma Foundation)
El tratamiento, además, ejemplifica algo que debemos fortalecer cada vez más en la medicina moderna: el trabajo multidisciplinario.
El paciente con mieloma múltiple no pertenece exclusivamente a una especialidad. Hematólogos, oncólogos, radioterapeutas, especialistas en imagen, médicos del dolor, rehabilitadores y cirujanos de columna pueden participar en diferentes momentos de su atención.
No todas las lesiones vertebrales necesitan cirugía. Existen tratamientos dirigidos contra la enfermedad, medicamentos para proteger el hueso, radioterapia en determinadas circunstancias y procedimientos mínimamente invasivos para algunas fracturas vertebrales dolorosas. La cirugía tiene indicaciones específicas, particularmente cuando existe inestabilidad de la columna o determinadas formas de compresión neurológica. (International Myeloma Foundation)
El objetivo tampoco debe reducirse a tratar una imagen radiológica. Debemos preservar la movilidad, controlar el dolor, evitar daño neurológico y permitir que el paciente continúe con el tratamiento de la enfermedad que originó el problema.
Por ello, frente al mieloma múltiple, el tiempo también importa.
Reconocer tempranamente una lesión vertebral puede significar evitar una fractura. Identificar oportunamente una fractura puede impedir una deformidad mayor. Y detectar a tiempo una compresión neurológica puede representar la diferencia entre conservar la capacidad de caminar o enfrentar una discapacidad permanente.
La medicina nos enseña constantemente que los síntomas comunes también merecen ser escuchados.
Un dolor de espalda casi siempre será solamente eso: un dolor de espalda. Pero cuando persiste, cambia sus características o se acompaña de otros signos de alarma, debemos investigar antes de acostumbrarnos a él.
Porque detrás de un síntoma aparentemente sencillo puede encontrarse una enfermedad compleja.
Y porque en enfermedades como el mieloma múltiple, diagnosticar antes también significa proteger el hueso, la columna y, en algunos pacientes, su independencia.
Dr. Carlos Castillo Rangel
Neurocirujano