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La estatización del Estado

La estatización del Estado

Columnas martes 24 de marzo de 2020 - 01:12

Un amigo mío, entre broma y broma, me preguntaba qué prescribía la teoría del Estado en una situación como la que vivimos. Sin querer le dio al clavo. Uno de los problemas que llevará aparejada la crisis económica global, a partir de la paralización provocada por el Covid-19, está en la esencia de la vocación estatal; es decir, para qué sirve el Estado. Hasta ahora, la doctrina dominante era que su función era crear y proteger mercados eficientes. Por eso no se valían las ayudas sociales, pero sí los rescates bancarios. No se valía la regulación para garantizar servicios médicos a los pobres, pero se valía toda la necesaria para proteger la propiedad intelectual más allá de las fronteras. Esta crisis deja al descubierto la hipocresía, casi esquizofrenia, de nuestro arreglo jurídico y político internacional.
El presidente Donald Trump es quien, a mi parecer, ha caído en la trampa neoliberal antes que el resto, pues está procediendo con una lógica semejante a la del gran rescate financiero de 2008. Pero en cuanto a sus efectos materiales, lo que hoy vivimos se parece más a 1929 que a 2008. Si le inyectas 500 billones de dólares a “los mercados”, esa entidad especulativa desprovista de cualquier lógica tangible, será como echarlos a un agujero negro. Hoy, más que nunca, se revela la situación paradójica de las bolsas de valores. Si bien nunca son un reflejo fiel de la economía real, la de la calle, la de las personas que efectivamente compran bienes y servicios, hoy se ve que cuando esta última está paralizada, no hay monto suficiente que rescate a su dimensión bursátil. Poner el dinero en manos de compradores de valores en lugar del bolsillo de la gente, no tendrá ningún impacto de reactivación económica.
El Estado se creó para garantizar la seguridad de los individuos que lo componen. Al paso de los siglos, su función esencial se ha ido modificando conforme las ideologías dominantes han requerido. En su encarnación actual, básicamente el Estado es un policía pobre, al que se le exige que mantenga el crimen bajo, garantice la integridad física y patrimonial de las personas (morales incluidas) y no se meta en nada más, mientras se le van quitando los recursos económicos y humanos hasta dejarlo casi en respiración artificial. Esta contradicción se revela en los planes de emergencia propuestos por algunas cámaras empresariales donde su solución es que el gobierno ya no les cobre ningún impuesto, hasta que la situación se normalice. El problema es que de los impuestos sale la nómina de los médicos y las enfermeras que están curando la enfermedad, y de los policías y militares que se necesitan para que en medio de la pandemia no se realicen saqueos, por ejemplo. Parecen creer que los impuestos existen sólo para crear pasivos en sus estados financieros. No tengo espacio para seguir desarrollando la idea, que ameritaría un libro. Pero podemos estar en presencia de un regreso del Estado de Bienestar, a la manera de los años 30 del siglo XX. Todas las categorías analíticas que venimos usando tendrían que cambiar. La estatización del Estado parece inevitable.

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/CR

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