El PRI ha dejado de ser un partido político. Se hace fraude a sí mismo. Expulsa a militantes que habían dejado sus filas y mantiene un líder en el que nadie cree.
Sólo un remedo de organización puede llegar a los extremos del tricolor, que fue un todo político para un México que no consolida su independencia. Ahora es solo una parte mínima de un todo electoral que se sostiene con vida pendiendo de alfileres.
El PAN ha tomado la batuta de una oposición que no termina de formarse, y el PRI existe sólo en el recuerdo de sus víctimas, como si fiera el fantasma. La necedad pareciera sublime ante la obstinación de vivir eternamente todavía no se convencen que ven un fantasma. El PRI ha dejado de existir.
Las voces que se emiten evocan el pasado no narran ni entienden el presente, su discurso se quedó en los micrófonos de hace medio siglo y sus propuestas son la nostalgia de intenta convertirse en futuro.
La oposición tiene una tercera parte de su fuerza basada en el pasado, porque se identifica con el autoritarismo y la represión. Es inexplicable su apego a lo que ya no existe y quieren seguir creyendo en un espectro que se aparece en las pesadillas como personaje de Shakespeare, atado al poder, como parte de un ritual infernal en medio de un reino en decadencia.
El PRI es de esos muertos que no tienen conciencia que dejaron este mundo y rondan por las mismas urnas que violaron por muchos años, como si todavía pudieran embarazarlas. En una gestación que reproducían fraudes como hijos, por generaciones, que creyeron eternas. Ceremonias ancestrales de la política nacional que se resisten a desaparecer pero son parte del pasado, se exhiben como sacerdotes de una religión, ídolos de la destrucción de un país que terminó por vencerlos sin exterminarlos.
Los espíritus de los muertos abandonaron su cuerpo para entrar a otros, ahora están en la empresa Pente+Soluciones, es lo más parecido a un partido político del pasado tratando de cambiar el futuro, una consultoría especializada en litigios electorales, ahí están los sepultureros del INE, los enemigos de la democracia, Edmundo Jacobo, Gabriel Mendoza Elvira, Carlos Ferrer Silva, Emilio Buendía Díaz y Javier Naranjo Silva. Sacerdotes electorales que practican ritos fraudulentos disfrazados de legalidad para preservar el pasado a sangre y fuego, como si la nostalgia convocara a la realidad en un tiempo perdido, extraviado por una democracia que quieren seguir definiendo y secuestrando.
El PRI es una creencia política que todavía hace estragos en el presente, como el nazismo, la esclavitud, la tortura, la represión, el fraude, el golpe de Estado. Sus fantasmas vienen a darle soporte legal al golpe de Estado, a sustentarlo con leyes propias, con jueces propios.