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El pueblo asesina a Olympe de Gougues

El pueblo asesina a Olympe de Gougues

Columnas viernes 14 de noviembre de 2025 -

¿Qué imposibilita a un nuevo régimen a ser menos autoritario que el anterior? Fundamentalmente la preservación de su mito fundacional donde no solamente es diferente que el anterior, sino que, sobre todo “es mejor”. Parte de sus cualidades superiores, fundamentan su legitimidad, a la que a toda costa tienen que defender porque de carecerla, el ensueño se derrumba.

Cuando el régimen revolucionario francés, amparado por sus principios de “libertad, igualdad y fraternidad”, instalaron un “comité de salud pública”, cuyo objetivo era garantizar la “pureza” del régimen, y en nombre del cual perseguir, estigmatizar y asesinar opositores -muy parecido a lo que las tiranías populistas de nuestros días hacen al auto victimizarse o calumniar públicamente cuentas y nombres de redes sociales-, dirigieron sus armas en contra de los entes pensantes que no “combinaban” con el puritanismo de los principios del pueblo.

Las mujeres, protagonistas innegables del siglo de las luces, contradiciendo parte del mito revolucionario de que supuestamente siempre ellas estuvieron condenadas a las mazmorras malsanas del patriarcado, dieron grandes luminarias conocidas y valoradas por ese mundo donde “todo era malo”. Dentro de los muchos ejemplos de intelectuales femeninas, será Olympe de Gouges, brillante dramaturga de la Comedia Francesa, y quizá su obra más famosa Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana, donde la conciencia plena de la incorporación de la mujer en la vida pública no podía ser tolerada por la igualdad del discurso transformador.

A pesar de la plena incorporación de Olympe al movimiento revolucionario, apoyando a la facción liberal girondina, los radicales jacobinos se lanzaron a destruir a la oposición en julio de 1793, dando un golpe terrible con tal de mantener viva la llama de sus valores radicalizados, pues nadie debía juzgar a los líderes del movimiento como Robespierre y Marat, impolutos apóstoles de la verdad a los que solamente la oposición conservadora y facciosa, podía tocar para evitar la transformación del otrora reino, en ese semillero racional de libertad que nadie podía lograr más que ellos.

Olympe, que luchó por hacer de la higiene una realidad cotidiana de la vida de los ciudadanos dignificados a través del estudio y del trabajo, donde su derecho a la expresión y a la participación pública, la ligaban con ese idealismo republicano de una grandiosa Roma que prontamente acudiría a sus hijos para elevarlos a la gracia de los tiempos, hacían de esta pensadora una amenaza a todo lo que no hacía el movimiento transformador: ni justicia, ni limpieza, pura vileza corrupta en manos de una camarilla ambiciosa que no quería dejar que alguien hiciera sombra a su evidente inseguridad. La pensadora Olympe de Gouges sería condenada a muerte, en nombre del pueblo, el 2 de noviembre de 1793

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